lunes, 30 de julio de 2018

Incongruencias en la legislación de la Ciudad de México


Estamos a poco menos de dos meses que entre en vigor la gran mayoría del articulado de la Constitución Política de la Ciudad de México. De acuerdo con el artículo transitorio primero “La Constitución Política de la Ciudad de México entrará en vigor el 17 de septiembre de 2018, excepto por lo que hace a la materia electoral, que estará vigente a partir del día siguiente al de su publicación, y a los supuestos expresamente establecidos en los Artículos Transitorios siguientes”, así, la Ley Orgánica de Alcaldías de la Ciudad de México establece, en su artículo transitorio segundo, que entrará en vigor, precisamente el 17 de septiembre de 2018 y, en su artículo transitorio tercero que las personas titulares de las alcaldías y los concejos electas para el periodo 2018-2021, iniciarán el ejercicio de sus funciones a partir del 1º de octubre de 2018. Hasta aquí todo está claro y, al parecer, no hay ningún problema, pero una lectura concienzuda de esta ley nos permitirá darnos cuenta que no es así.
El artículo 17 de la Ley Orgánica de Alcaldías de la Ciudad de México establece que el encargo de las personas titulares de las Alcaldías y de quienes integren el Concejo, durará tres años, contados a partir del 1º de octubre del año en que se hayan celebrado las elecciones ordinarias, artículo que va muy de la mano con lo establecido en el artículo transitorio vigésimo segundo de la Constitución Local y el décimo octavo transitorio del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la Ciudad de México que establecen que los integrantes de las alcaldías iniciarán sus funciones el 1º de octubre de 2018.
La complejidad se presenta algunos artículos más adelante en la Ley Orgánica de Alcaldías, específicamente en los artículos 23 al 28 que establecen el proceso para la integración de las alcaldías de la siguiente manera:
1.       La Alcaldía electa se instalará solemne y públicamente el día primero de septiembre del año que corresponda observándose lo siguiente:
a.       Protesta de Ley de la Alcaldesa o Alcalde electo ante el Congreso;
b.       Toma de protesta a las personas integrantes del Consejo por la Alcaldesa o Alcalde en funciones; y
c.       Declaración de Instalación formal de la Alcaldía por la Alcaldesa o el Alcalde en funciones.
2.       La Alcaldesa o el Alcalde electo acudirá a sesión solemne en el Congreso a rendir protesta del encargo por la mañana del primero de septiembre.
3.       El mismo día, en la sede de cada Alcaldía, la Alcaldesa o el Alcalde en funciones tomará la protesta a las personas electas para integrar el Concejo.
4.       En la sesión de toma de protesta de las personas Concejales, las autoridades salientes entregarán a las entrantes el documento que contenga la situación que guarda el Gobierno y la Administración Pública de la demarcación.
5.       Se declara la instalación de la Alcaldía.
¡Vaya incongruencia! El artículo vigésimo segundo transitorio de la Constitución Local, el artículo décimo octavo transitorio del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la CDMX y el propio artículo 17 de la Ley Orgánica de Alcaldías señalan que entrarán en funciones el 1º de octubre, pero los artículos 23 al 28 establecen que la toma de protesta e instalación se llevará a cabo el 1º de septiembre. Ante esta pequeña incongruencia me surge una duda importante, ¿quién va a ser la autoridad gobernante durante todo el mes de septiembre? Si llegara a ocurrir alguna emergencia, ¿cuál de las dos Alcaldías se haría cargo?
Ahora, veamos la compleja logística que aplicará para las sesiones del 1º de septiembre de cada 3 años. En primer lugar, muy temprano en la mañana, se tendrían que reunir en sesión privada los Diputados electos para celebrar la Sesión Constitutiva del Congreso en la cual se tendrá que declarar Quórum, tomar protesta constitucional al Presidente de la Mesa de Decanos, tomar protesta Constitucional a los Diputados presentes, elegir a los integrantes de la primera Mesa Directiva, declarar la legal constitución del Congreso de la Ciudad de México y citar para la siguiente sesión del Congreso.
Terminada la toma de protesta de los Diputados, y atendiendo a lo mandatado por los artículos 23 al 28 de la Ley Orgánica de Alcaldías, se tendría que tomar la protesta de los Alcaldes para que estos, a su vez, sigan el procedimiento establecido en la ley para la toma de protesta de los Concejales.
Resulta preocupante esta enorme laguna legal que generaron los legisladores. Durante todo el mes de septiembre habrá dos Alcaldías en funciones en cada demarcación. Esta duplicidad de funciones generará una gran incertidumbre en cuanto a los límites de actuación de cada autoridad lo aplicará en detrimento de la sociedad. Bien me decían mis papás de chico, si vas a hacer algo, hazlo bien, si no, ¿para qué lo haces?

Twitter: @Benjamín_Muniz

jueves, 24 de mayo de 2018

Por qué no votaré por Andrés Manuel


Allá por el ya lejano año de 1994, cuando yo apenas contaba con 7 años de edad, comenzó mi interés por la política. Desde entonces, he seguido detalladamente 8 procesos electorales federales, 4 de ellos para la renovación del Poder Ejecutivo de la Federación y varios más locales. He participado activamente en diversos procesos electorales en la Ciudad de México, Estado de México, Nayarit, Oaxaca, Tamaulipas, Colima incluyendo, por supuesto, la elección de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y, debo confesar, en esos 24 años nunca había sido testigo de un proceso electoral tan complejo e interesante como el que estamos viviendo en estos momentos. Pero esta complejidad e interés, también se ve reflejada en un ambiente extremadamente ríspido y polarizado, como nunca antes.

Por supuesto, la crispación política proviene del hartazgo social en contra del gobierno. Sería inútil negar que el gobierno de Enrique Peña Nieto y sus malas decisiones y peores resultados, así como la cínica corrupción y dolorosa impunidad, son factores predominantes en este escenario y es en este contexto en que Andrés Manuel López Obrador contiende por tercera vez por la Presidencia de la República y, de acuerdo a estadísticas, existe una gran posibilidad que, esta vez, si gane.

La fortaleza de López Obrador descansa precisamente en ese cansancio social. El tabasqueño ha sido capaz de atraer a las personas inconformes para generar su proyecto de Nación. Ha sabido capitalizar las fallas de los gobiernos anteriores y ha despotricado abiertamente en contra de ellos. Muchos de sus seguidores le otorgarán el voto bajo el argumento de que los demás partidos ya gobernaron y no lo hicieron bien, por lo que resulta conveniente darle ahora una oportunidad al ex Jefe de Gobierno. Las voces de alarma no perdieron tiempo en dejarse escuchar y, con un discurso amenazador, intentan intimidar a través de fomentar el miedo a que terminemos como Venezuela. Mala estrategia, desde mi punto de vista.

Con toda sinceridad, a pesar de lo endeble que puede llegar a ser nuestro Estado Democrático de Derecho, dudo mucho que la llegada de AMLO a Los Pinos nos puede convertir en un nuevo Venezuela, con los problemas humanitarios tan evidentes. Creo que, por lo menos, si tenemos los suficientes elementos para impedirlo, sin embargo, existen diversos factores por los que yo no voy a votar por AMLO.

Si algo ha caracterizado a Andrés Manuel es su falta de congruencia. Habla de la mafia del poder, condena mediáticamente al ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, despotrica en contra del fraude por el cual éste llegó a la Presidencia cuando, según se dice, el verdadero ganador de la contienda había sido Cuauhtémoc Cárdenas, pero la realidad refleja otra cosa: la plana mayor de MORENA y los grandes operadores políticos de ese partido son personas que en su momento fueron cercanas a Salinas, incluso se encuentra entre los morenistas el que entonces era Secretario de Gobernación y al cual se le atribuye el fraude: Manuel Bartlett. Ejemplos sobran: Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Esteban Moctezuma. Al respecto hay una muy buena columna en Político.mx cuya lectura recomiendo (https://politico.mx/central-electoral/elecciones-2018/presidencial/exsalinistas-mueven-los-hilos-de-la-campa%C3%B1-de-amlo/).

Andrés Manuel habla también de democracia, pero el manejo de su partido es total y absolutamente autoritario. Quien tiene la última palabra es él y solamente él. La democracia al interior de MORENA no es más que letra muerta. Nuevamente, incongruencia. AMLO ha utilizado su partido como medio para su promoción personalizada. Tan es así que, durante todos los procesos electorales, la propaganda electoral de los candidatos siempre aparece con la imagen del líder de MORENA, haya o no contienda presidencial. Esto, además, es violatorio de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, así que ahí también queda su discurso sobre la legalidad.

Y ya que estamos hablando del discurso de López Obrador respecto a la legalidad, ¿por qué no revisamos la lista de sus candidatos? Ahí si sale perdiendo. Comencemos con Napoleón Gómez Urrutia, líder vitalicio del sindicato de mineros, acusado de desfalcar más de 50 millones de dólares de las arcas del sindicato. Por algo me recuerda mucho a Carlos Romero Deschamps a quien, por cierto, López Obrador ha descalificado en diversas ocasiones y señalado como ejemplo de corrupción. Sigamos con Nestora Salgado. Se menciona que la lideresa de las autodefensas ha sido absuelta en las causas penales seguidas en su contra por la presunta comisión del delito de privación ilegal de la libertad. Falso. Se ordenó la reposición del procedimiento, es decir, el juicio sigue y, hasta el momento, la inocencia o culpabilidad de Nestora no ha sido determinada por un Juez competente.

Por más que le quieran dar la vuelta, AMLO si propuso amnistía a los integrantes del crimen organizado quienes, según él, son bebés de pecho a lado de los políticos corruptos. Nadie ha atacado esta expresión, pero a mi parecer es de lo más denigrante que pueda existir. ¿Conocerá alguna víctima de la delincuencia organizada? ¿AMLO habrá sido asaltado en algún momento de su vida? ¿Con qué cinismo puede decirle eso a las familias de los miles de muertos que ha dejado el crimen organizado?

Ya mejor ni hablar de la corrupción, la que tanto dice que va a atacar. Rene Bejarano, Carlos Imaz (curiosamente esposo de la actual candidata a la Jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum), o Gustavo Ponce, Secretario de Finanzas que fue descubierto apostando el erario de la Capital en Las Vegas.

Por si lo anterior no fuera suficiente, no me convencen las pocas propuestas que ha realizado, no les veo factibilidad, no son costeables: o incrementa impuestos o incrementa deuda, arriesgando el futuro de la Nación. Su manera de responder cuando se le increpa, su poca capacidad de proponer, la manera despectiva de tratar a los demás. Por supuesto, estas son opiniones totalmente subjetivas, pero considero que un Jefe de Estado debe tener mayor capacidad de dialogo sin caer en la descalificación.

Su papel como Jefe de Gobierno tampoco fue bueno. Se jacta de la supuesta disminución de los índices delictivos, pero lo que no dice es que, de acuerdo con la ENVIPE del INEGI, la cifra negra (delitos no denunciados) fue de, aproximadamente, 80%. El desempleo creció durante su administración y, según datos oficiales, el DF se convirtió en la entidad más opaca del país. Por supuesto, no puedo olvidar el plantón en Reforma y todos los empleos que se perdieron por ello.

Estamos ante el proceso electoral más complejo de la historia de nuestro país. Creo que debemos pensar muy bien a quién vamos a favorecer con nuestro sufragio, pero con toda honestidad creo que AMLO no es la esperanza de México, al contrario, si creo que habría regresiones muy importantes en el desarrollo nacional. Lo más importante es que, el 2 de julio, gane quien gane, seguiremos siendo mexicanos y tendremos que vivir los próximos 6 años bajo la guía de quien resulte ungido. Esperemos que el pueblo mexicano tome la decisión correcta, ante todo, una decisión informada. Solo al tiempo sabremos los resultados y las consecuencias de nuestro voto.

Twitter: @Benjamin_Muniz

lunes, 23 de abril de 2018

Mucho ataque, pocas propuestas


El día de ayer fuimos testigos del primero de tres debates presidenciales que se llevarán a cabo a lo largo de este proceso electoral. A las 20:00 horas se dieron cita en el Palacio de Minería los 5 candidatos que aspiran a alcanzar la Primera Magistratura del País. El formato de este debate me agradó, a mí parecer abre la posibilidad de una mejor confrontación de ideas, lo que resulta tan necesario en este tipo de actividades democráticas.

En cuanto al contenido de los mensajes de los candidatos, creo que ahí si quedo con un sabor agridulce. Estoy convencido que en todo debate debe haber confrontación de ideas, de eso se trata, pero lo que vimos ayer fue mucha confrontación y pocas propuestas. Todos los candidatos se encargaron de atacar a AMLO argumentando que es incongruente, que su gestión como Jefe de Gobierno da cuenta de su incapacidad para enfrentar los problemas sociales. Por supuesto que eso es legítimo en un debate como el de ayer. La mejor manera de analizar a un candidato es analizar el resultado de sus gestiones anteriores. Si no puedes lo menos, no vas a poder lo más. Sin embargo, esto se debe realizar contrastando las propuestas propias. En este caso, decir, por ejemplo: “Durante la gestión de AMLO como Jefe de Gobierno la inversión disminuyó en 50%, yo propongo en tal punto hacer tal o cuál cosa”. Desgraciadamente, en la mayor parte del debate esta segunda parte hizo falta. No hubo propuesta, solo ataque.

El desempeño de los contendientes fue muy ambivalente. Considero honestamente que, quien tuvo mejor discurso, mejores propuestas, mejor manejo del tiempo fue Ricardo Anaya, sin embargo, no puedo dejar de reprocharle su falta de congruencia. Me explico: cuando inició su participación, dijo que él no estaba ahí para atacar, sino para presentar propuestas. Estoy de acuerdo que presentó su plataforma, pero se dedicó a atacar a AMLO con bastante ahínco. No cumplió su aseveración de no ataque. Eso no habla del todo bien de él.

Por su parte, José Antonio Meade fue un personaje gris. No tiene control escénico, no prende a la audiencia, no conecta con el público. Puede que sea maravilloso en su trabajo, que sea un excelente técnico, pero no acaba de encender la mecha que lo lleve a ser un buen político. Su discurso fue plano, nada nuevo bajo el sol, eso sin considerar que se presentó una gran incongruencia cuando dijo que en su sexenio no habría ninguna estafa maestra, olvidando que esa gran estafa maestra fue realizada por su predecesora en la Secretaría de Desarrollo Social y que él no hizo nada para perseguir a los culpables, ni estando en SEDESOL ni como titular de la SHCP. Nuevamente, las palabras se las lleva el viento, las acciones son las que, a final de cuentas, verdaderamente importan.

Margarita Zavala generó en mí una gran decepción. Considero que es una mujer inteligente y con gran capacidad, pero se le notó muy nerviosa y no logró concretar una sola de sus participaciones sin tartamudear. Además de esto, cayó en el juego de defender el sexenio de Felipe Calderón en lugar de realizar propuestas para lo que sería su gobierno.

Jaime Rodríguez Calderón sabía a qué iba y cumplió su papel. Fue el último en ser reconocido como Candidato a la Presidencia, por lo que llegó a la contienda después que sus adversarios. Él buscó hacerse notar, que todo el mundo conociera al Bronco, y vaya que lo logró. Su propuesta de mochar la mano de los delincuentes generó mucho ruido. Por supuesto, es totalmente absurdo pensar que se apruebe, sería violatorio al artículo 22 constitucional, pero logró su cometido: todo el mundo habla de él. Las frases más celebres del debate se las debemos al regiomontano. “Claro que creo en el matrimonio, tan creo en él que me he casado tres veces”. “Llámeme raza, un WhatsApp”. “No te echamos montón, pero es que dices cada barbaridad”. El Bronco cumplió su objetivo. Quería tener los reflectores, quería decir “aquí estoy”.

Después de tres campañas presidenciales y la presencia en más debates que sus contrincantes, AMLO debió ser el más preparado, sin embargo, la realidad mostró ser otra. Se le vio omiso, ambiguo, sin capacidad de responder a las interrogantes, sin capacidad de aclarar sus contradicciones y, lo peor, sin una propuesta concreta, al contrario, se encargó de decir que, al ganar, se sentará con expertos para analizar las acciones a seguir. Con todo el debido respeto, eso lo tiene que hacer desde ahora, de ahí tiene que surgir su plataforma de gobierno, además, si tan seguro está que el ganará la elección, ¿por qué esperar al 2 de julio? ¿Por qué no sentarse con los expertos desde los meses pasados? Una más de sus incongruencias. Comparto la opinión de Pablo Hiriart, AMLO fue la estrepitosa derrota en el debate (se puede consultar su columna en http://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/amlo-estrepitosa-derrota-en-el-debate), enojado, sin dar la cara, sin proponer, sin responder y, para acabar de darse un balazo en el pie, salió del recinto sin siquiera tener la educación, ya no digamos oficio político, para despedirse de los 4 candidatos restantes. Meade tiene una gran oportunidad aquí: que haga públicos los folios reales en que se consigna la propiedad de AMLO respecto a tres departamentos y que, públicamente, exija la firma de un acto traslativo de dominio. Al tiempo.

Sin ser un debate con grandes propuestas, considero que el ganador fue el candidato de la coalición “Por México al Frente”. Fue el más seguro, el único que presentó propuestas. Su discurso fue muy estudiado y su manejo de tiempos inmejorable. ¿Eso le basta para ser Presidente? No, por supuesto que no.

Aún faltan dos debates, faltan dos meses de campaña. La moneda está en el aire. Los días que faltan de la campaña se antojan interesantes. La estrategia que genere cada equipo después del debate será crucial. Se logró vislumbrar tanto los aciertos como los errores de cada contendiente, ahora es su responsabilidad hacer valer la valiosa enseñanza que arrojó el debate. Por lo pronto, parafraseado a Hiriart, el error de AMLO la primera vez fue no ir al debate, esta vez, su error fue ir.

En casi 70 días se llevará a cabo la Jornada Electoral. Lo que sucedió ayer, ¿influirá en el desarrollo y en la intención del voto? Aún hay un largo camino por recorrer.

Twitter: @Benjamin_Muniz

martes, 19 de diciembre de 2017

La incongruencia de las alianzas



Se ha iniciado ya el proceso electoral ordinario 2017-2018 por medio del cual se elegirá al nuevo Presidente de la República. De igual manera, se renovará la totalidad del Congreso de la Unión, las diputaciones al primer Congreso de la Ciudad de México, sus alcaldías, la Jefatura de Gobierno y varias gubernaturas y congresos locales. Evidentemente, el número de cargos a ser electos, así como la magnitud de los mismos conllevan a percatarnos que 2018 será un año muy complejo.

Dentro de esta complejidad, los partidos políticos han buscado generar estrategias que les permitan conseguir el mayor número de votos posibles y recurrieron a la forma más conocida y, al parecer, favorita: concretar alianzas electorales. De entrada podría no ser malo pero, en el fondo, ¿verdaderamente funcionarán? No hablemos ya de la capacidad de ganar la elección, sino de la manera en que se llevaría el gobierno si la alianza triunfa.

Como ha acontecido desde hace ya bastante tiempo, el PRI concretó su alianza con el Partido Verde. Aceptémoslo, el Verde es ya un satélite del tricolor. No hay nada nuevo que hablar ahí, sin embargo, la manera en que concretó la alianza con el tercer partido si levanta muchas suspicacias: Nueva Alianza, el partido fundado por la lideresa sindical, Elva Esther Gordillo, aceptó aliarse con el Revolucionario Institucional justamente el día en que la Maestro Gordillo abandonó el reclusorio para cumplir su pena bajo el esquema de prisión domiciliaria, y por más que puedan levantarse voces para argumentar que su estado de salud lo ameritaba, ustedes disculparán, en política no hay coincidencias ni sorpresas, solo hay sorprendidos.

No es poco común que la izquierda salga unida a las elecciones, de hecho, es lo más normal. Recordemos, por ejemplo, en 2012, todas las izquierdas salieron unidas, lo que bastó para que Miguel Ángel Mancera ganara la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal con una votación mayor al 60% de los sufragios emitidos. En 2015, sin embargo, las cosas cambiaron un poco. Con la aparición de MORENA, muchos militantes y simpatizantes del PRD decidieron optar por el partido que dice ser la esperanza de México. Las izquierdas, en esa elección, salieron divididos, lo que generó que, en el Distrito Federal cuando menos, se repartieran el pastel: 5 delegaciones para uno, 4 para el otro y, además, esa división causó que el PRI ganara La Magdalena Contreras. En 2018, nuevamente, el partido del sol azteca y el formado por el mesiánico tabasqueño irán separados, pero no solos: ambos consiguieron concretar alianzas que, desde mi muy particular punto de vista, son verdaderamente incongruentes.

El PRD, que se ha caracterizado por ser un partido liberal, el partido que apoya la legalización de la marihuana, la interrupción legal del embarazo y los matrimonios entre homosexuales, entre otras, concretó su alianza con Movimiento Ciudadano, que en teoría comparten un poco la ideología y con, nada más ni nada menos que el PAN, partido conservador que se fundamenta en el respeto de la vida humana y su defensa desde la concepción. El partido que se ha opuesto tajantemente al aborto y a la legalización de las drogas. Para los que nos gusta el futbol, es como si Chivas y América se aliaran para jugar un partido. Es mezclar agua con aceite.

Por su parte, MORENA afianzó su alianza con el resucitado Partido del Trabajo. Recordemos que este instituto político había perdido el registro, sin embargo, por azares de nuestra democracia, reingresó a la arena política. Tampoco se extraña esa alianza, se veía venir, sin embargo, el tercer partido es el que salta a la vista por la incongruencia: Encuentro Social, partido primordialmente religioso que se alió con el partido fundado por un, según él, recalcitrante juarista. Se juntaron Dios y el Diablo.

Según Alejandra Barrales, la unión entre PAN, PRD y Movimiento Ciudadano no es una alianza electoral, sino un frente encaminado a generar mejores condiciones para la ciudadanía. Es un objetivo loable, sin lugar a dudas, sin embargo, siendo honestos, no encuentro como se pueden congeniar el agua y el aceite para gobernar en conjunto. ¿Qué va a pasar cuando el PRD quiera presentar una iniciativa a nivel federal para legalizar la marihuana o el aborto? ¿El PAN se quedaría sentado y la aprobaría? De hacerlo se estarían violentando los estatutos y principios de doctrina del blanquiazul. El PRD es liberal, el PAN es conservador. El PRD busca ganar gente a través de la entrega de programas sociales, el PAN busca fortalecer el mercado.

La alianza de MORENA con el PES me resulta todavía más incomprensible. AMLO ha manifestado que, desde su punto de vista, ser juarista y religioso, guadalupano para ser más preciso, no es contradictorio. Por primera vez creo que estoy de acuerdo con él, hasta cierto punto. Cada quien tiene el derecho de profesar la religión, culto o rito que mejor le parezca sin que eso determine su preferencia política, siempre y cuando se mantengan separadas las ideologías políticas y religiosas. AMLO cayó en la incongruencia, en este aspecto en específico, en el momento que pidió colaboración a los ministros de culto para que hicieran un llamado a sus feligreses para que éstos no vendan su voto. Ahí si ya hay incongruencia simplemente por el hecho de integrar a las iglesias a la vida política del país, situación contra la que luchó Juárez, no solo luchó por la separación Iglesia-Estado, fue su principal estandarte. Por si eso no bastara, concreta una alianza con un partido político religioso. No voy a juzgar si los religiosos tienen o no que formar parte de la política mexicana, ya he hablado de eso, lo que llama profundamente mi atención es la incongruencia que genera esta alianza. Un juarista aliándose con religiosos para contender en las elecciones. Juárez se ha de estar revolcando, una vez más, en su tumba. Aunque sea incongruente, tampoco me extraña. Quienes me conocen saben que no comparto las ideas políticas de AMLO, saben que es todo lo contrario, pero en esta incongruencia tan evidente, la gente que sigue al tabasqueño por su postura “juarista” no se ha detenido a preguntarse cómo es posible. Con esto reitero lo que siempre he pensado: MORENA más que parecer un partido político, parece una secta que adora y obedece a su máximo líder AMLO sin cuestionar absolutamente nada. Como diría mi buen amigo Fernando Dworak, si MORENA no hubiera obtenido su registro como partido político nacional, bien hubiera podido dirigirse a la Secretaría de Gobernación a solicitar su registro como Asociación Religiosa.

Esta elección presidencial es una carrera de tres, evidentemente el ganador emanará de una de las alianzas referidas en estas líneas, sin embargo, la pregunta permanece, ante tales diferencias de principios entre los partidos integrantes, ¿cómo funcionarán los gobiernos de coalición? Anaya, en su palomazo con el precandidato al Senado por el Estado de México, Juan Zepeda, manifestó que para echar un palomazo y para sacar un mal gobierno, son una misma banda. Recordemos que muchas bandas legendarias han tenido fracturas y disoluciones épicas. Solo el tiempo me dirá si tengo o no razón.

Twitter: @Benjamin_Muniz