miércoles, 13 de enero de 2016

Cerrando Ciclos

Uno de los primeros recuerdos que tengo respecto del entorno social mexicano data de aquel álgido y ya lejano 1994. Un poco antes empecé a ver cambios, específicamente en los automóviles que circulaban en la Ciudad. Con el tiempo comprendí que los nuevos modelos que veía eran resultado de la apertura comercial que se presentó durante la administración de Carlos Salinas de Gortari, pero ya en 1994 recuerdo como la sociedad se convulsionó con el magnicidio del candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio Murrieta y como, después, fue designado como su sucesor quien hasta el momento actuaba como Coordinador General de Campaña, el Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León. Yo tenía 7 años.
Recuerdo también como uno de los hermanos menores de mi papá, mi tío Fausto traía en su coche, sin pegar, una calcomanía de la campaña de Zedillo. Me la regaló. Ese día yo dije que, como el PRI tenía los colores de la Bandera Nacional, entonces ese debía ser el bueno. Me declaré Zedillista y empecé a seguir su campaña. El día del debate sostenido entre los candidatos mi perspectiva cambio radicalmente. Recuerdo que vi a un señor de gran barba que decía llamarse Diego Fernández de Ceballos y ser el candidato del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República. Honestamente no recuerdo mucho de lo que dijo en aquel debate, solo recuerdo que ese día su manera de hablar, sus ideas y sus propuestas me impactaron profundamente. Fue cuando decidí que el PRI no era el bueno por el simple hecho de tener los colores nacionales, sino que el PAN tenía un proyecto que me gustó. Desde ese día comencé a estudiar la historia del Partido Acción Nacional.
Llegó el año 2000. Un señor guanajuatense de gruesa voz y bigote poblado se levantó diciendo que sacaría a las tepocatas, alimañas y víboras prietas de Los Pinos. Como a muchos mexicanos, la campaña de Vicente Fox me conmovió y abiertamente la apoye. A mis 13 años salí a la calle a colgar pendones en la colonia en la que vivía. De igual manera salí a mi colonia a apoyar a los candidatos de Acción Nacional que contendieron en las elecciones intermedias de 2003. Llegado el momento de cumplir la mayoría de edad, en cuanto recogí mi credencial de elector, me afilié al PAN en 2006.
Desde el 2000 hasta el año 2015, antes de ser militante y ya como militante de Acción Nacional apoyé en las campañas a los candidatos del PAN en 2000, 2003, 2006 y 2009, claro, de manera muy empírica y al alcance de mis posibilidades. En 2012 mi apoyo se volvió mas institucional. Fui el Representante Propietario del PAN ante el Consejo Electoral XXXIII del Instituto Electoral del Distrito Federal. Entre 2013 y 2014 fui Subdirector de Asuntos Jurídicos del Comité Ejecutivo Nacional del PAN y en 2015 nuevamente fui Representante Propietario ante el Consejo Electoral XXXIII del Instituto Electoral del Distrito Federal y Coordinador General de Campaña de la candidata a la Jefatura Delegacional de La Magdalena Contreras.
Hoy volteó a ver los 15 años de activismo a favor del blanquiazul, y veo que gracias a ello aprendí muchas cosas. Inicié mi vida política, crecí en ella, aprendí Derecho Electoral de la mejor manera para hacerlo: practicándolo, pero también he visto como desde hace ya muchos años el Partido se encuentra en una crisis de la que cada día veo menores posibilidades de salir.
El 31 de julio de 2012 publiqué en este mismo espacio una columna titulada “La crisis de Acción Nacional” (misma que puede ser consultada en http://pormejoresmexicanos.blogspot.mx/2012/07/la-crisis-de-accion-nacional.html) y en ella dejé constar mis inquietudes y puntos de vista de las causas que yo consideraba eran las generadoras de la crisis institucional de Acción Nacional. Hoy, tres años y medio después, me doy cuenta que todavía existe una crisis al interior de las filas panistas y que, por preocupante que sea, ésta es cada día más profunda. El Partido Acción Nacional se ha visto envuelto en escándalos de corrupción, basta mencionar, solo como ejemplo, los casos del ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés, de la ex vocera de Presidencia Alejandra Sota, entre algunos más. La existencia de la corrupción en el PAN es en verdad preocupante tomando en cuenta que este instituto político nació como un enemigo del régimen autoritario y corrupto que suponía el partido oficial. Permitir actos de corrupción en el PAN es negar y actuar en contra los fundamentos de su propia existencia. La Comisión Especial Anticorrupción encabezada por Luis Felipe Bravo Mena no logrará hacer nada si no se sancionan, expulsan y presentan denuncias en contra de los corruptos.
Uno de los más deleznables aspectos que se pueden observar hoy al interior del PAN es la traición que comenten ciertas personas con el único fin de mantener hegemonías regionales, buscando luchar por sus propios cotos de poder en lugar de luchar por lograr, como lo dice el propio lema partidista, una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos. Ejemplos de esto hay a lo largo de todo el país. Conflictos en el Distrito Federal, en el Estado de México, en Veracruz, incluso en la propia dirigencia nacional. Solo recordemos que, tanto la traición como la corrupción atentan en contra de la supremacía de la dignidad humana, uno de los cuatro pilares sobre los que se construyó el PAN.
Hay cosas que no puedo comprender, por ejemplo, como un partido que siempre había luchado por la legalidad, inició un proceso de expulsión en contra de uno de sus militantes por denunciar que el entonces candidato a Presidente Municipal de Naucalpan de Juárez, Edgar Olvera, no vivía in dicha municipalidad, y es todavía más grave cuando el militante hoy en proceso de expulsión resulta ser, ni más ni menos, que nieto de Don Manuel Gómez Morín, fundador del PAN. Esto es solo un reflejo de la crisis que se vive al interior del Partido por buscar mantener cotos de poder, como en su momento ocurrió con Manuel Clouthier Carrillo, hijo del Maquío, como en su momento se bloqueó a Margarita Zavala por ser esposa de Felipe Calderón, como en su momento se quiso bloquear a Santiago Creel. Recuerdo que en una reunión en la que estuve presente en 2012, un militante del PRD me dijo que lo único en lo que todos los perredistas coincidían era en la bandera, es decir, que al interior de su partido había tantas tribus y grupos, que lo único en lo que coincidían era en la bandera amarilla con el sol negro. Hoy día el PAN está igual de dividido. Todo es por grupos, por intereses, en lugar de ser panista se es Corderista o Maderista. En lugar que la bandera panista una a los militantes, la unión y la desunión provienen de grupos internos. No estoy en contra de los liderazgos, esos siempre existirán y deben ser impulsados siempre y cuando busquen mejorar, pero si estoy total y absolutamente en contra de los supuestos liderazgos que en verdad son cacicazgos que únicamente buscan, como se dice coloquialmente, jalar agua para su arroyito.
Hace algunos días, y con motivo de los procesos electorales en curso, especialmente con la elección extraordinaria a Gobernador de Colima, vi una playera azul con letras blancas que decía: “Los jóvenes creemos en el PAN”. Me gustaría que fuera cierto, pero lo que es innegable es que los índices de aprobación del PAN han bajado de manera impresionante. Los resultados electorales dan cuenta de esto. En la elección a Diputados Federales de 2015 el PAN tuvo el número más bajo de votos en más de 10 años y, específicamente, hablando de los jóvenes, al Partido no ha sabido llegar a ellos, convencerlos, generar propuestas con las que la juventud se siena identificada y que los lleve a votar por sus candidatos. El PAN es visto como un partido extremadamente conservador alejado de las realidades sociales que preocupan a la juventud mexicana.
Si hoy volteó a ver en qué se ha convertido el PAN y me doy cuenta que no se puede alejar más de los principios que le dieron vida, que ya no hay doctrinarios, que la actividad política se ha reducido a los más tenebrosos dogmas de la política sucia de cambiar votos por prebendas. Ese no es el Partido al que yo decidí afiliarme. Un Partido que expulsa a militantes por alzar la voz, un Partido que abiertamente bloquea a militantes que quieren trabajar por su comunidad si consideran que esto puede generar un detrimento a poderes personales. Don Luis H. Álvarez dijo, con motivo de la victoria electoral de Vicente Fox: “Nunca nos ha derrotado la derrota, que no nos derrote ahora la victoria”. Desgraciadamente la victoria nos derrotó y perdimos la esencia y la mística sobre la cual los fundadores crearon el Partido en las instalaciones del Frontón México aquel lejano fin de semana del 15 de septiembre de 1939.
Es por ello que, sabiendo que será imposible poder trabajar a favor de mi comunidad en las filas del Partido Acción Nacional, el pasado 7 de enero de 2016 presenté mi renuncia a la militancia que ostento desde el año 2006. Fue una decisión difícil y dolorosa pero estoy convencido que fue la mejor que pude haber tomado. Tengo que agradecer todas las enseñanzas que obtuve en el PAN pero ha llegado el momento que cada quien siga su camino de manera separada.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo

Twitter: @Benjamin_Muniz

miércoles, 6 de enero de 2016

Salvando Vidas

El pasado 15 de diciembre entró en vigor el Nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal, mismo que fue promulgado y publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 17 de agosto de 2015. Este Reglamento está creado bajo la política de Visión Cero, misma que tiene como objetivo reducir a cero las muertes y lesiones generadas por hechos de tránsito y que nació en 1997 en Estocolmo, Suecia. A raíz de la implementación de este programa, Suecia tiene una tasa de mortalidad por hechos de tránsito menor a 1 persona por cada 100,000 habitantes, lo que está muy por debajo de las 1,000 muertes anuales que en promedio hay en la Ciudad de México por hechos de tránsito, lo que significa la primera causa de muerte en la población de entre 5 y 29 años de edad.
Pero, ¿por qué el Reglamento de Tránsito está sostenido en la Visión Cero? La respuesta es simple: se realizaron cambios normativos tendientes a salvar vidas. Desgraciadamente, la sociedad no ha querido entender lo que esto significa y ha atacado este ordenamiento jurídico.
La nueva normativa establece una reducción de velocidades máximas para quedar en 40 km/h en vías secundarias, 50 km/h en vías primarias y 80 km/h en vías de acceso controlado. La reducción de las velocidades máximas no responde a un capricho de la autoridad, por el contrario, se redujeron tomando en cuenta estudios internacionales en la materia, por ejemplo, un estudio elaborado por la Fundación AAA para la Seguridad Vial, con sede en Washington, D.C., Estados Unidos, mismo que es consultable en la liga www.aaafoundation.org/sites/default/files/2011PedestrianRiskVsSpeed.pdf establece que el riesgo de muerte de un peatón alcanza 10% cuando se presenta un impacto a 35 km/h, aumentado a 25% cuando el impacto ocurre a 50 km/h, 75% cuando ocurre a 80 km/h y 90% cuando ocurre a 90 km/h. Otro dato que llamó profundamente mi atención fue el publicado por la Universidad de Adelaide en Australia (http://indaily.com.au/opinion/2015/03/04/speed-even-tiny-changes-save-lives/) en donde se establece que en zonas urbanas, si se sobrepasa un límite de velocidad de 60 km/h se duplica el riesgo de un hecho de tránsito grave por cada 5 km/h de aumento.
Otro tema de gran importancia es la prohibición de utilizar equipos celulares mientras se conduce un vehículo. Si bien es cierto que esta prohibición ya se encontraba establecida en el Reglamento anterior, en este nuevo se incrementaron las multas a que se hará acreedor quien incumpla con esta prohibición. En este caso el motivo también es bastante simple. El hecho que una persona vaya hablando por teléfono mientras conduce hace que deje de prestar la atención debida a lo que está sucediendo en la vía, lo que se ve agravado cuando, en lugar de ir hablando, van mandando mensajes de texto. Esto es en verdad imperdonable. Voy a poner un ejemplo: por cuestiones de trabajo el día de ayer tuve que ir al Centro Histórico. Al llegar a la esquina cruce con la luz en verde y el conductor de una camioneta iba manejando, mientras enviaba mensajes y, además, echaba novia. Casi me atropella al estar a punto de pasarse el alto. ¿Qué hubiera pasado si hubiera ido solo y su pareja no le hubiera avisado que estaba el alto y que había peatones cruzando? ¿Me habría atropellado? ¿Cuántas historias como está no ocurren a diario? En promedio hay tres muertes diarias asociadas con hechos de tránsito. Por esto se requiere generar sanciones más severas para los que incumplen con la normatividad.
Hace algunos días platicaba con un amigo respecto al Reglamento de Tránsito y él me comentaba que, desde su perspectiva, las multas eran excesivas y que la reducción de velocidades máximas no tenían razón de ser. Le expuse mi punto de vista. Le comenté cuántos muertos ocurren al año por hechos de tránsito, le comente que la velocidad hace que aumenten los riesgos a lo que él respondió que lo entendía pero tenía dos objeciones: 1) no hay peatones en Periférico y 2) aún así consideraba que las multas eran elevadas. Respecto a la falta de peatones en Periférico, efectivamente, no hay peatones cruzando dicha avenida de acceso controlado, pero debemos tener en cuenta que la reducción en límites de velocidad no solamente tienen como meta salvar vidas de peatones y ciclistas, sino también de los conductores de vehículos motorizados. Si uno viaja a más de 100 km/h en Periférico, y comete un error al volante o por cualquier motivo pierde el control de vehículo y choca, las posibilidades de que muera son altísimas. Historias que avalan esto, desgraciadamente, sobran.
Respecto al monto de las multas, seamos un poco fríos: $1,200.00 pesos aproximadamente por conducir y usar un celular al mismo tiempo puede parecer mucho dinero, pero, ¿qué pasa si mientras se viola este precepto, el conductor atropella a un peatón y éste muere o queda incapacitado de por vida? ¿Qué pasaría con la familia de la víctima? O supongamos que no atropella a nadie pero por ir distraído choca y muere o queda incapacitado, ¿habría diferencia? Una vida humana vale muchísimo más que $1,200.00, vale tanto que no hay dinero que alcance para comprarla.
A parte, seamos francos, es la decisión de la propia ciudadanía si incurrimos o no en falta y, consecuentemente, si somos sujetos de una infracción o no. El Reglamento no establece que se multará al que respire. No piden imposibles. Las multas se pueden prevenir con un poco de voluntad de los conductores. Si el límite de velocidad en Periférico es de 80 km/h, de nosotros depende si lo respetamos o no. Si no lo respetamos y por ello nos infraccionan, entonces debemos ser responsables y aceptar las consecuencias de nuestros actos. Es tan simple como eso.
Otro tema que ha estado muy presente en la ciudadanía es la creencia que el Nuevo Reglamento generará más corrupción ya que, al ser mayores las multas, la mordida que el oficial de tránsito solicitaría sería mayor. Es más, en el espacio matutino de una estación de radio, al informar el engomado vehicular que no circula cada día, terminaban su anuncio con una frase tajante: “evita mordidas”. En verdad me da una lástima la poca altura de miras que tenemos y la capacidad de evadir nuestras responsabilidades y echarle la culpa a los demás. Con toda franqueza lo digo, como lo he hecho siempre: para que la corrupción exista se necesitan dos partes. Si un policía pide una mordida, del ciudadano depende si la da o no. Si un ciudadano ofrece una mordida para salir bien librado, dependerá del policía si la toma o no. No hay mas.
Quiero dejar muy claro mi punto de vista: contrario a lo que muchas personas, incluso legisladores, piensan, yo opino que el Nuevo Reglamento de Tránsito del Distrito Federal no tiene fines recaudatorios. Su objetivo es completamente diferente, es salvar vidas, es generar un marco normativo que permita reducir hechos de tránsito. Si pudiéramos analizar el costo real que tiene cada hecho de tránsito, los recursos que se gastan en la atención médica y/o los procedimientos jurídico administrativos respectivos, si viéramos cuanto dejan de generar y percibir las víctimas, los gastos que tiene que realizar la familia, nos daríamos que en verdad se pierden grandes fortunas, lo que pasa a segundo término si consideramos que también se pierden vidas humanas, que son invaluables. Por eso me cuesta tanto trabajo creer que existan hasta implementos pensados para evadir multas por exceso de velocidad. En verdad, como mexicanos debemos tener en mente que burlar una norma no nos hace mejores personas, por el contrario, nos deja en un estado de vulnerabilidad muy importante.
¿Qué las multas son altas? Si, lo son, pero recordemos que uno de los principales pilares de cualquier pena es precisamente ser ejemplar e inhibitoria, es decir, a través de las penas se busca que un ciudadano no quiera infringir un cuerpo normativo. Sobre este tema recomiendo la lectura de la obra “De los Delitos y las Penas” de Cesare Beccaria. Entendamos cuál es el verdadero espíritu de este Reglamento que tan criticado ha sido: es salvar vidas y eso solo se va a lograr si aceptamos que lo que sucede en las calles es una responsabilidad compartida entre el Gobierno y la ciudadanía. Mientras no aceptemos esta realidad, podremos tener el mejor programa del mundo, la mejor política pública, pero nunca podremos ver resultados reales.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo

Twitter: @Benjamin_Muniz

lunes, 9 de noviembre de 2015

La epidemia de la obesidad

“Un niño gordito es un niño feliz, un niño nutrido”. Esta frase la podemos escuchar constantemente de boca de nuestras abuelitas, sin embargo, esta frase dista mucho de ser verdad y desgraciadamente este mismo dicho ha generado que México ocupe el primer lugar del mundo en obesidad infantil. Además de esto, según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud en julio de 2015 (consultable en http://www.who.int/bulletin/volumes/93/7/14-150565.pdf?ua=1), a nivel mundial, el porcentaje de personas con Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 25 kg/m2 ha aumentado de 28.8% a 36% en hombres entre 1980 y 2013, mientras que en mujeres el aumento ha sido de 29.8% a 38% en mujeres en el mismo lapso. Este incremento ha generado que la propia Organización Mundial de la Salud considere a la obesidad como una epidemia.
En dicho estudio se establece que los motivos del aumento ya referido ha sido sujeto de un gran debate, sin embargo, hay ciertos factores que los especialistas consideran para justificar este crecimiento como el incremento y globalización de comida altamente calorífica, lo que ha generado un aumento en la disponibilidad de alimentos obesogénicos ultra procesados. Pero debemos ser francos, la globalización de la alimentación poco saludable no es el único motivo por el cual la obesidad ha venido en aumento hasta el punto de convertirse en una epidemia. Existe otro factor de gran importancia: el sedentarismo. Lo OMS establece que un factor de este incremento lo podemos encontrar en la “el incremento de la motorización y mecanización, el tiempo pasado frente a pequeñas pantallas y la reducción en la actividad física”. Es precisamente en este aspecto en el que me quiero enfocar.
Es innegable que la tecnología ha ayudado a que al ser humano consiga grandes cosas, pero tampoco podemos dejar de reconocer que la tecnología también ha sido una gran desventaja para nosotros. Hoy día no podemos imaginar ir al trabajo y no tener una computadora o internet para realizar nuestras actividades. No podemos pensar en salir de nuestras casas sin nuestro teléfono celular, cuando eso llega a pasar nos sentimos incompletos, desprotegidos. La tecnología ha creado en nosotros una dependencia hacia ella. Esta dependencia no solamente se encuentra presente en el ámbito laboral, sino en todo nuestro entorno. La tecnología ha ayudado a acercar a los que están lejos y a alejar a los que están cerca. Incluso uno puede ver hoy los parques y darse cuenta que están desiertos, que ya no hay niños que salgan a jugar, que salgan a andar en patines, en bici, echando la cascarita. Hoy día, si alguien quiere echar la cascarita con sus cuates, se conecta por internet a través de las consolas de videojuegos y pueden ser hasta campeones del mundo.
Es necesario que hagamos un alto en nuestro estilo de vida y recordemos que la vida es lo que sucede afuera, en nuestra convivencia persona a persona con el mundo. Este abuso de la tecnología y de los medios de transporte motorizados han desencadenado en un sedentarismo que antes no existía, lo que, como ya mencioné, ha generado que la obesidad hoy día sea considerada una epidemia, lo que degenera en otro tipo de enfermedades crónico degenerativas y mortalidad.
Teniendo en cuenta los antecedentes ya referidos, ¿dónde y como debe enfrentar este problema el gobierno? La respuesta la encontramos en el artículo 110 de la Ley General de Salud, mismo que es del tenor literal siguiente:
ARTÍCULO 110. La promoción de la salud tiene por objeto crear, conservar y mejorar las condiciones deseables de salud para toda la población y propiciar en el individuo las actitudes, valores y conductas adecuadas para motivar su participación en beneficio de la salud individual y colectiva”.
Si analizamos el contenido del artículo transcrito, la primera tarea primordial del gobierno es, precisamente, hacer una adecuada promoción de la salud, promoción que se puede ver enriquecida con el ejercicio, pero también es necesario mejorar las condiciones de las calles, banquetas y parques para que este ejercicio pueda ser realizado a tarvés de la caminata, la cual es también un medio de transporte. Debemos de tener en cuenta también que, de acuerdo a Olabarría:
La elección de caminar como medio de transporte está determinada principalmente por factores de conveniencia como la distancia o el tiempo. Tanto las características individuales de la persona que se desplaza, como las características del entorno donde se mueve, han demostrado tener una importancia determinante en la elección del medio de transporte. Caminar como medio de transporte se convierte en una fuente de actividad física a considerar, sobre todo teniendo en cuenta que una misma avtividad realizada en pequeñas etapas reporta, al menos, los mismos beneficios que realizarla de forma continua”.[1]
Resulta evidente, entonces, que las calles deben priorizar las necesidades de los peatones, máxime si se reconoce la caminata como una de las maneras más fundamentales de traslado, además de las repercusiones positivas que tiene en la seguridad y la salud de los ciudadanos. En este tema debemos reconocer que el Gobierno del Distrito Federal, junto con las principales fuerzas políticas del país, dieron un paso enorme para lograr este fin con la promulgación, en julio de 2014, de la Ley de Movilidad del Distrito Federal, cuerpo jurídico donde por vez primera se reconoce el derecho a la movilidad así como el cambio de paradigma que pone al peatón como primer lugar de la jerarquía, tal como se puede apreciar de la simple lectura de los artículos 5 y 6, mismos que son del tenor literal siguiente:
Artículo 5.- La movilidad es el derecho de toda persona y de la colectividad a realizar el efectivo desplazamiento de individups y bienes para acceder mediante los diferentes modos de transporte reconocidos en la Ley, a un sistema de movilidad que se ajuste a la jerarquía y principios que se establecen en este ordenamiento, para satisfacer sus necesidades y pleno desarrollo. En todo caso el objeto de la movilidad será la persona.
Artículo 6.- La Administración Pública proporcionará los medios necesarios para que las personas puedan elegir libremente la forma de trasladarse a fin de acceder a los bienes, servicios y oportunidades que ofrece la Ciudad.Para el establecimiento de la política pública en la materia se considerará el nivel de vulnerabilidad de los usuarios, las externalidades que genera cada modo de transporte y su contribución a la productividad. Se otorgará prioridad en la utilización del espacio vial y se valorará la distribución de recursos presupuestales de acuerdo a la siguiente jerarquía de movilidad:
I.                Peatones, en especial personas con discapacidad y personas con movilidad limitada;
II.               Ciclistas;
III.              Usuarios del servicio de transporte público de pasajeros;
IV.              Prestadores del servicio de transporte público de pasajeros;
V.               Prestadores del servicio de transporte de carga y distribución de mercancías; y
VI.              Usuarios de transporte particular automotor.
En el ámbito de sus atribuciones, las autoridades en materia de movilidad deben contemplar lo dispuesto en este artículo como referente y fin último en la elaboración de políticas públicas y programas, procurando en todo momento su sumplimento y protección”. (Énfasis añadido)
De los artículos transcritos podemos observar dos temas de gran calado e importancia: la primera es que la persona es el eje principal de la movilidad y la segunda es que existe una obligación expresa a cargo de la Administración Pública de proporcionar los medios necesarios para que las personas puedan elegir libremente la forma en que se trasladan. No podemos negar que aún hay mucho por hacer, sin embargo se han dado grandes avances. Es urgente que concretemos ya acciones reales y palpables que permitan que la caminata se convierta en un medio realmente eficiente de transporte. Es necesario que recuperemos espacios públicos, que rehabilitemos calles y banquetas y que generemos las condiciones de seguridad necesarias para salvaguardar la integridad física de los peatones. De esta manera, lograremos dejar atrás tanto sedentarismo y obesidad, así como las demás enfermedades que por esto son causadas.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo
Twitter: @Benjamin_Muniz



[1] OLABARRÍA, M. (2013) “Walking for Transportation”. Estudio de los factores individuales y contextuales que influyen en el caminar como medio de transporte y de sus implicaciones en la salud. Departamente de Ciències Experimentals I de la Salut. Universitat Pompeu Fabra. Barcelona.