domingo, 2 de agosto de 2015

Yo soy el océano

Los seres humanos estamos dotados de un nivel de inteligencia que nos permite conocer a fondo (si así no los proponemos) las necesidades que nos rodean, podemos hacer planes y estrategias para cumplir metas y objetivos, podemos mejorar nuestras condiciones de vida. Nos jactamos incluso de ser los únicos seres con capacidad de pensar y razonar (punto de visa que honestamente yo no comparto). En pocas palabras, somos los amos y señores del mundo y hay incluso quienes dicen que tenemos esa potestad por mandato divino, basándose en Génesis 1:27-28, que dicen:
27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
28 Y los benijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
Estoy de acuerdo que de acuerdo con el versículo 28 del capítulo 1 del Génesis Dios nos dio a los seres humanos la orden de señorear sobre los animales pero vuelvo a lo mismo que he preguntado en diversos escritos, ¿qué implica señorear? Señorear implica tener autoridad, liderazgo, pero sobre todo, implica tener la responsabilidad de cuidar, de velar. El señorear o gobernar es, en verdad, la muestra máxima de servicio. Gobernar y señorear no quiere decir (o por lo menos no debería ser así) que los gobernados están a tus órdenes, al contrario, el que gobierna está al servicio de los gobernados y, en el caso de la naturaleza, los seres humanos hemos sido lo suficientemente imprudentes para creer que éste está a nuestro servicio y que podemos hacer con él lo que nos venga en gana. Honestamente creo que este es el peor error que como raza podemos cometer.
El ser humano debe comprender la importancia que tiene el medio ambiente, pero sobre todo, que lo que hagamos con él inexorablemente tendrá consecuencias en nosotros. Hace algunos días vi un vídeo que verdaderamente llamó mi atención y que se titula “Yo soy el océano“ y el cual se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=o6L6tdcJ5Fw. Después de ver este vídeo me puse a pensar qué es lo que hemos hecho en materia de medio ambiente y cuál es la postura que los seres humanos mantememos frente a nuestra naturaleza. Desgraciadamente las respuestas no son alentadoras. Las políticas públicas en materia de protección al ambiente son prácticamente inexistentes y las pocas que han sido ejecutadas son insuficientes y esto solo es reflejo de lo que los seres humanos concideramos como bienes de mayor valía. Los seres humanos estamos empeñados en conseguir riquezas sin importar qué es lo que tiene que hacer para conseguirla ni a quién tiene que dañar. Si queremos riquezas necesitamos oro, plata, piedras preciosas, minerales, petróleo y todo eso sale de la naturaleza. Si queremos generar mayore ingresos económicos necesitamos fábricas e industria, eso es innegable, lo malo es que éstas no tienen un adecuado manejo de los desechos y simplemente se deshacen de ellos de la manera que les resulte más económica sin importar si a través de esto generan mayor contaminación. No son pocos los casos en que se botan los desechos en ríos y mares.
Otro tema de gran importancia es el crecimiento de la población. Desde el año 1200 hasta 1800 el crecimiento poblacional fue constante sin embargo, a partir de 1900 la población creció exponencialmente y sin control, como se puede observar en la siguiente gráfica:

Si analizamos la manera desproporcionada en que ha crecido la población, resulta lógico que para atender las necesidades se requiere una mayor cantidad de materias primas que son extraídas directamente del medio ambiente. Además de esto, también es una realidad que se requiere mayor espacio para albergar a los seres humanos, por lo que se ha presentado un crecimiento demográfico sin precedentes en que se han invadido áreas naturales muchas veces protegidas. Aunado a lo anterior, al existir un mayor número de seres humanos, hay un mayor consumo de energía, lo que genera mayores emisiones de CO2 a la atmósfera, redundando en un incremento en la temperatura mundial, tal como se puede observar en esta gráfica:
Lo que más tristeza me da es que los seres humanos no medimos las consecuencias de nuestras acciones. Créemos que por el hecho que nuestro planeta está compuesto en tres cuartas partes por agua, ésta nunca va a faltar. Créemos que no importa cuanto contaminemos, el mundo siempre se va a arreglar, pero seamos francos y analicemos datos duros: junto con el crecimiento exponencial de la humanidad han crecido de igual manera los desastres naturales, para muestra unos ejemplos: en las decadas de 1950-1959 hubo 3 grandes incendios en América, mismo número que se presentaron en la década de los 60´s. En la década de los 70´s aumentó a 5 el número de grandes incendios, en la década de los 80´s se duplicó para llegar a 10. El mayor incremento de grandes incendios en América se presentó en la década de los 90´s con 48 siniestros. Creo que todos sabemos que los grandes incendios obedecen a la sequía y al calor, entonces podemos colegir que mientrás más avanzan los años, más alta es la temperatura, pero las consecuencias de las acciones de los seres humanos no solamente han generado un planeta más caliente y seco, sino que un planeta de extremos. Así como las sequías han aumentado, paradójicamente también las inundaciones como se puede observar en esta gráfica:
En pocas palabras, los seres humanos no hemos entendido una verdad absoluta y que es plasmada sin lugar a dudas en el vídeo “Yo soy el océano“ cuando dicen textualmente: “Si la naturaleza no se conserva saludable, los humanos no sobrevivirán. Así de simple“. Los gobiernos se han preocupado demasiado en cuestiones de seguridad pública, de comercio exterior, de generar riquezas, pero se han preocupado muy poco del medio ambiente. Hace algunos años, cuando trabajé en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, al ver el catálogo de delitos de alto impacto que estaba por aprobarse por el Consejo Nacional de Seguridad Pública le comenté a un compañero que me preocupaba sobre manera que no se incluyeran los delitos ambientales y que si no poníamos atención a este tema llegaría un momento en que se cumpliría la meta de cero delitos y no porque las políticas sean las adecuadas, sino porque estabamos caminando hacia nuestra propia extinción. Hace ya 4 años de eso y el tema medioambiental no solo sigue igual, está peor. Sobre este tema publiqué, el 8 de septiembre 2014, mi opinión la cual puede ser consultada en la liga https://www.youtube.com/watch?v=nFTB_iUWOxo.
Es urgente que los seres humanos asumamos nuestra responsabilidad frente al medio ambiente, es imprescindible que entendamos que nuestras acciones tienen consecuencias frente al medio ambiente y que lo que le ocurra a nuestro entorno indudablemente nos afectará, que vivimos en una relación simbiótica (aunque a veces parecemos parástiso, por más que nos duela aceptarlo). Su existiera un organismo que hiciera tanto daño como lo hacemos los seres humanos, lo catalogarían como virus mortal, sería considerado una pandemia y se generarías acciones globales para su control o erradicación, pero como somos nosotros los que estamos haciendo este daño pues mejor ahí la dejamos, ¿no? Si no respetamos nuestro entorno, en el fondo tampoco nos respetamos a nosotros. Crezcamos, por supuesto que si, es una de las metas de la humanidad, pero no lo hagamos a expensas del medio ambiente. Busquemos la manera de progresar y cuidar al mismo tiempo nuestro planeta. Tengamos en mente la realidad de la frase con la que concluye el vídeo “Yo soy el océano“ y vivamos con ello en mente: “La naturaleza no necesita a las personas, las personas necesitan a la naturaleza“.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo

Twitter: @Benjamin_Muniz

lunes, 27 de julio de 2015

Justicia para todos

Hace algunos días vi en el muro de Facebook de una de mis maestras de la Universidad un artículo respecto de las 7 películas que todos los abogados debemos ver. El reportaje me resultó muy interesante y decidí compartirlo, comentando que consideraba que habían algunas que faltaban, sin embargo, en la publicación en mi muro recibí un comentario de una tía muy querida que me decía que faltaba la que a su juicio era la mejor película de abogados: “…And Justice for All“ estrenada en 1979 y protagonizada por uno de los más grandes actores de Hollywood: Al Pacino. Mi tía, abogada oriunda de Nueva York, y yo hemos tenido a lo largo de los años muchas conversaciones muy profundas y normalmente nuestros puntos de vista son similares por lo que decidí que tenía que ver la película que, según su dicho, había cambiado su percepción de nuestra hermosa profesión, así que el pasado viernes, después de mucho buscarla, por fin me pude sentar con mi esposa a verla.
La película se trata de un abogado, Arthur Kirkland (magistralmente interpretado por Pacino) que tiene frente a sí la defensa de un Juez que fue acusado de violar y sodomizar a una joven. El detalle está en que dicho Juez le había negado a Kirkland la admisión de pruebas que demostraban irrefutablemente que uno de sus clientes era inocente de los cargos que lo mantenían preso. Evidentemente no voy a comentar aquí el desenlace de dicha obra cinematográfica, pero por supuesto que recomendo amplimente que la vean, lo que si voy a hacer es compartir con ustedes la enseñanza que me dejó y cómo comprendí por qué había cambiado la percepción de mi tía Laura.
Como el propio nombre sugiere, la película se basa en un punto central: la necesidad que tiene el estado de garantizar la justicia para sus ciudadanos, de salvaguardar los derechos constitucionales de todas y cada una de las personas que integran una Nación y al analizar este punto me di cuenta que definir la justicia y sus límites es demasiado complejo.
La justicia, según la definición clásica del jurista romano Ulpiano es dar a cada quien lo que le corresponde pero, ¿qué le corresponde a cada quien? La respuesta a esta pregunta conllevaría a la existencia de un pronunciamiento previo para definir que le corresponde a cada persona, lo que nos lleva nuevamente a la pregunta ¿qué es la justicia? Creo honestamente que no existe nadie que pueda responder completamente esta pregunta, por el contrario, me voy a permitir parafrasear al jurista checo Hans Kelsen quien nos dice que tal vez se deba a que constituye una de esas preguntas respecto de las cuales resulta válido ese resignado saber que no puede hallarse una respuesta definitiva sino que solo cabe el esfuerzo por formularla mejor.
A pesar de la existencia de diversas corrientes que buscan fundamentar la justicia en distintas bases, ccreo que debemos presuponer que el orden jurídico vigente en determinado páis en determinado tiempo es justo, o por lo menos busca la justicia, atendiendo a las realidades sociales imperantes, así que tomaré de ejemplo nuestro país. La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en sus artículos 1 al 28 una serie de derechos fundamentales que reciben el nombre de Garantías Individuales y son precisamente éstas las que el Estado tiene la obligación de salvaguardar a toda costa y es en este punto en que entro al centro de la película “Justicia para todos“ que habla precisamente de la manera de garantizar el acceso a los derechos constitucionales.
Uno de los derechos fundamentales de los ciudadanos es la adecuada defensa en caso de estar sujeto a algún tipo de procedimiento judicial de cualquier materia. El derecho constitucional a la defensa trasciende al hecho si el acusado es inocente o es culpable. Aquí entra un conflicto, más que nada ético. Un delincuente, ¿debe tener derecho a una defensa en juicio? ¿Hasta que punto se debe procurar su defensa? ¿El trabajo del abogado defensor es lograr su libertad o simplemente la condena más benévola para el delincuente? En caso que el trabajo del defensor sea lograr la libertad, ¿no sería eso una injusticia al dejar libre a una persona que representa un peligro para la sociedad? Si contestaramos estas preguntas basados en nuestros sentimientos, creo que las respuestas serían las menos favorables para el reo, es decir, si le preguntamos a cualquier persona si un delincuente merece una defensa y estar libre, estpy seguro que la mayoría contestarían que no, sin embargo, no debemos perder de vista que los delincuentes son, a final de cuentas, ciudadanos, si, es cierto que decidieron vivir al margen de la ley, pero eso no les quita el carácter de ciudadanos y, por ende, sujetos de la protección de los derechos fundamentales. Por supuesto que si el orden jurídico se ve vulnerado, el Estado debe garantizar su salvaguarda para lo que es necesario sancionar al transgresor pero en esa sanción es muy fácil dejarnos guiar por nuestras pasiones e imponer una sanción que sea desproporcionada a la conducta desplegada.
Tomemos como ejemplo el caso que se le encomienda a Arthur Kirkland, defender al Juez de una acusasión de violación. Supongamos que se lleva a cabo el juicio y se encuentra al acusado culpable de los cargos que se le imputan, tomando en consideración que éste era un Juez, que no solamente tenía conocimiento de lo ilícito de sus actos y las consecuencias legales que conllevarían, teniendo en mente que él se sentó en un banquillo a emitir un juicio respecto a personas que, como él, habían cometido delitos, ¿sería procedente que se le impusiera una pena mayor a la que se le impondría a un ciudadano normal? En caso que contestemos que si resulta procedente, ¿sería justo para los derechos del Juez defendido? Vayamos más allá: supongamos que una persona es juzgada y hallada culpable por el delito de homicidio calificado y sentenciado a 50 años de prisión, pena máxima establecida en el Código Penal para el Distrito Federal, ¿podemos hablar verdaderamente que se hizo justicia? Desde mi punto de vista considero que no, y mi opinión se basa en un punto muy simple: sim importar el tiempo al de prisión al que se condene al delincuente, la víctima jamás resucitará. La familia nunca obtendrá justicia, aún en el caso que existiera la pena de muerte en nuestro país. El tema de la justicia en el ámbito del Derecho Penal creo que es más complicado que en el Derecho Civil o Mercantil. La sentencia que le sea impusta al delincuente podrá ser considerada excesiva, y por lo mismo injusta, para su familia, sin embargo, para la víctima y sus familiares, puede ser considerada como insuficiente e igualmente injusta. ¿Dónde, entonces, yace la justicia en el ámbito Penal? Vuelvo a lo mismo, creo que el orden jurídico busca la justicia y por lo mismo las sentencias se deben dictar de conformidad con la punibilidad establecida en cada uno de los tipos penales, sin embargo, considero que hacerlo de esta manera no necesariamente cumple con la justicia. Al hablar de justicia, necesariamente va a haber un coche entre las partes que estén involucradas en un conflicto específico, por lo mismo, es imposible esgrimir la frase “justicia para todos“. En un choque de derechos una persona gozará del ejercicio del propio en detrimento del de otra persona.
Seamos francos, en México la justicia es un valor prácticamente inexistente. No hay justicia para los miles de mexicanos desaparecidos, no hay justicia para los estudiantes del Movimiento Estudiantil de 1968, ni para los normalistas de Ayotzinapa, ni para las víctimas de Tlatlaya, ni para las víctimas que han perecido a manos del narcotráfico ni hay justicia en los gastos millonarios en los viajes de Estado del Presidente Enrique Peña Nieto haciéndose acompañar, no solo por su familia, sino por numerosos Secretarios de Estado y ese es precisamente el reto que enfrentamos las nuevas generaciones: luchar por la justicia, hacer valer nuestros derechos y exigir al Estado que cumpla con su obligación constitucional de salvaguardarlos. Mientrás no hagamos uso de nuestra responsabilidad, las cosas nunca van a cambiar.
Después de todo lo que he escrito en este artículo, regresa a mi mente la pregunta ¿qué es la justicia? Creo que la mejor respuesta se encuentra en una frase del último párrafo del ensayo de Hans Kelsen? “[…] yo no sé ni puedo decir qué es la justicia, la justicia absoluta, ese hermoso sueño de la humanidad. Debo conformarme con la justicia relativa: tan sólo puedo decir qué es para mi la justicia“.
Después de comprobar la imposibilidad de definir la justicia absoluta, comprendo completamente lo que el 29 de agosto de 2005 me escribió uno de los mejores abogados que conozco cuando decidí estudiar Derecho: “Busca siempre aplicar el Derecho y sólo cuando no se pueda ve por la justicia“. El Derecho, el orden nomrativo de un País es objetivo; la Justicia absoluta es indefinible y la justicia relativa es subjetiva. Para mi la justicia radica en la libertad y en la responsabilidad: en la libertad para tomar nuestras propias decisiones y en la responsabilidad para enfrentar las consecuencias de las mismas. No hay mayor derecho, desde mi perspectiva, que la libertad, pero tampoco hay mayor responsabilidad que ser libres.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo

Twitter: @Benjamin_Muniz

jueves, 16 de julio de 2015

En el abismo

Existe en el Continente Americano un país en verdad hermoso, con grandes recursos naturales, litorales y playas bellísimas, montañas, cerros, volcanes, paisajes que parecerían salidos de cuentos de hadas. Desgraciadamente ese país también tiene graves problemas: la existencia de grandes cárteles de droga y un gobierno incapaz de hacer frente a las problemáticas en materia de seguridad. Ese país es México.
Uno de los narcotraficantes más conocidos en la historia de México es Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, “El Chapo“. “El Chapo“ comenzó su carrera delictiva bajo las órdenes de Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos“ y, a la muerte de éste, ascendió hasta tomar el control del Cártel de Sinaloa. En 1993, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, Guzmán Loera fue arrestado en Guatemala y extraditado a México donde logró escapar del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco 8 años después, en enero de 2001, poco tiempo después del inicio del primer gobierno panista. Pasaron casi 15 años hasta que pudiera ser nuevamente encarcelado ya durante la administración peñanietista en un operativo conjunto de la Secretaría de Gobernación, Secretaría de la Defensa, Secretaría de Marina, Procuraduría General de la República, Policía Federal y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), realizado el 22 de febrero de 2014. Dice un refrán popular: “mas rápido cae un hablador que un cojo“. Cuando se logró la recaptura del Chapo, Enrique Peña Nieto manifestó en una entrevista que sería imperdonable que se volviera a fugar y, que por tal motivo, había dado las órdenes pertinentes a Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación, para que se le mantuviera en vigilancia permanente. A pesar de esta vigilancia permanente, durante la noche del 11 de julio de 2015 El Chapo se volvió a dar a la fuga, esta vez del penal de máxima seguridad del Altiplano.
No voy a hablar de lo inverosímil que me resulta la explicación de la fuga ni como se les pudo escapar el hombre que durante muchos años estuvo en el lugar número 2 de los más buscados por el FBI y la Interpol, solo por detrás del terrorista Osama Bin Laden (después de la muerte de éste, El Chapo se convirtió en el más buscado), ni de su fortuna valuada en 1,000 millones de dólares. Simplemente no entiendo como una persona que aceptó haber matado entre 2,000 y 3,000 personas hoy se encuentre sustraído de la acción de la justicia. Este hecho solo nos demuestra, una vez más, el detrimento del Estado Mexicano.
Durante la administración de Felipe Calderón, los partidos políticos de oposición, especialmente el PRI, se dedicaron a atacar la estrategia de seguridad puesta en marcha por el Gobierno Federal. Enrique Peña Nieto, entonces candidato presidencial, manejó como promesa de campaña la disminución de los índices delictivos y el alto a la violencia generada por la llamada guerra contra el narcotráfico. Esas propuestas de campaña y, también es bueno reconocerlo, la incapacidad de Comunicación Social de Presidencia para dar a conocer los logros de la administración calderonista, generaron que el 1º de diciembre de 2012 Enrique Peña Nieto llegara a la Presidencia de la República. Desde ese momento, hablando objetivamente y con pruebas en la mano, el país ha entrado en una debacle sin precedentes.
Hagamos un breve análisis: durante el gobierno de Felipe Calderón se logró la detención de la banda de secuestradores Los Escorpiones. En dicha banda, como todos recordaremos, tuvo una participación activa la novia del líder de la banda, la francesa Florence Marie Louise Cassez Crépin. Innegablemente la detención de la francesa dio lugar a un espectáculo mediático que no debio haberse presentado y, por lo mismo, se promovió un amparo para atacar esta violación. Este amparo llegó hasta el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde, en un primer momento, fue el Ministro Arturo Saldívar Lelo de Larrea el encargado de elaborar el proyecto de sentencia, proyecto que concluía resolviendo la libertad de la francesa. El pleno de la Corte desechó tal proyecto por estar en contra de ciertos considerandos, por lo que se returnó a la Ministro Olga Sánchez Cordero, cuyo proyecto finalmente fue aprobado concediéndole la libertad a Cassez. Si bien es cierto que existieron violaciones procedimentales y que las mismas debieron haber sido subsanadas y, en su caso, sancionados los responsables, también lo es que las mismas no eran lo suficientemente graves para ordenar la libertad de Cassez (al respecto, días antes de la discusión del proyecto del Ministro Saldivar escribí mi opinión, misma que es visible en el siguiente link http://pormejoresmexicanos.blogspot.mx/2012/03/la-corte-y-florence-cassez.html) pero el punto más importante respecto a este tema es que, a pesar de crear una crisis en la relación binacional entre México y Francia, Felipe Calderón se comprometió con los mexicanos y buscó que una secuestradora fuera sancionada. Al momento en que llegó Enrique Peña Nieto a la Presidencia, le importó más la relación con Francia que la seguridad de sus connacionales. El resultado: se permitió la liberación de Cassez.
Si la liberación de Cassez no resulta suficiente para comprobar la debacle en la que nos encontramos como país, hablemos de otras liberaciones polémicas: la liberación del capo di tutti capi Rafael Caro Quintero arrestado en 1985 en Costa Rica por el homicidio del Agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar. Caro pasó más de 28 años en la cárcel hasta que el 9 de agosto de 2013 el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Tercer Circuito en Jalisco resolvió otorgarle su liberación bajo el argumento que no debió de haber sido juzgado en el fuero federal por el homicidio del referido agente. A pesar de esto, el 16 de enero del presente año Caro Quintero nuevamente fue encontrado culpable del homicidio de Camarena y una nueva orden de aprehensión en su contra fue emitida. Hoy día se le considera prófugo de la justicia (ante tal panorama, el gobierno de Estados Unidos ofrece una recompensa de 5 millones de dólares por su captura). La segunda liberación polémica es la de una persona acusada de enriquecimiento ilícito y a la que se le comprobó la apertura de cuentas millonarias en el extranjero utilizando identidades falsas: Raúl Salinas de Gortari quien fue exonerado por el Juez 13 de Distrito en Procesos Penales al argumentar que la Procuraduría General de la República no logró acreditar la procedencia ilícita de los bienes. Claro que resulta especialmente misteriosa esta exoneración, máxime cuando se trata del hermano del expresidente y supuesto padre político de Peña, Carlos Salinas de Gortari.
¿Lo hasta aquí narrado no es suficiente para aceptar que estamos en el abismo? Veamos otro caso. 30 de junio de 2014, comunidad de San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México. 22 presuntos criminales perdieron la vida en un enfrentamiento con el Ejército Mexicano, específicamente con 8 militares integrantes del 102 Batallón de Infantería. La versión oficial de los hechos establece que en la madrugada del 30 de junio los militares se encontraban patrullando y al pasar frente a una bodega en obra negra el Sargento Segundo del Batallón se percataró de la presencia de un hombre armado por lo que ordenó detener el vehículo, dando inició al enfrentamiento armado aproximadamente a las 4:20 horas de la madrugada. El resultado oficial fueron 22 presuntos criminales muertos. De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos por lo menos 15 de esos 22 fallecidos fueron ejecutados por los miembros del Ejército Mexicano, por lo que emitió la recomendación 51/2014. Las investigaciones en la escena del crímen y los testimonios proporcionados por personas que precenciaron los hechos dejan ver que la actuación del Ejército Mexicano fue ilegal y que estos, criminalmente, ejecutaron a civiles que se encontraban desarmados. Habrá quienes me digan que las personas que se encontraban en la bodega eran delincuentes. Suponiendo sin conceder que esto sea cierto, vivimos en un Estado de Derecho por lo que, en su caso, las 22 personas debieron de haber sido detenidas y puestas a disposición de las autoridades respectivas para enfrentar un juicio. En este caso los militares hicieron un juicio sumario sin ajustarse a las disposiciones legales vigentes y ejecutaron en el mismo instante la sentencia. ¿Qué consecuencias tuvo este hecho? Ninguna.Algunos militares fueron apresados pero de ahí no pasa.
Un caso semejante lo encontramos con los 44 estudiantes normalistas de la escuela Raúl Isidro Burgos desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero. Existen versiones que manifistan que estos estudiantes eran delincuentes al servicio de los Guerreros Unidos, sin embargo, a la fecha permanece la interrogante ¿dónde están los estudiantes? (mi opinión acerca de este suceso es visible en la página http://pormejoresmexicanos.blogspot.mx/2014/11/se-hara-justicia.html). ¿Dónde está el Estado de Derecho? El entonces titular de la Procuraduría General de la República fue cesado de su puesto pero transferido a la SEDATU, es decir, quitemos a una persona incapaz de cumplir sus obligaciones pero démosle un premio de consolación. En verdad, ¿en qué país vivimos?
Ahora bien, un magnate estadounidense que busca postularse a la Presidencia de su país se atreve a hablar mal de los mexicanos, se atreve a decir que si de él dependiera construiiría un muro enorme en la frontera sur de su país para evitar que los mexicanos crucen porque, según él, solo llegan los peores mexicanos, violadores, narcotraficantes, delincuentes. Al percatarse de lo irracional de sus manifestaciones, se volcó contra el gobierno diciendo que es muy ágil y que son ellos quienes mandan a lo peor de la sociedad mexicana. ¿Qué hizo nuestro gobierno? Una simple comunicación por parte del Secretario de Relaciones Exteriores que no pasó a mayores. Las respuestas más fuertes en contra de Trump vinieron de actores, personas de la sociedad civil y hasta empresas estadounidenses, es más, fue el propio expresidente Calderón quien le respondió a Trump, no fue Peña, no fue el gobierno mexicano quien no le dio mayor importancia a las palabras de Trump (la respuesta de Calderón es visible en la página http://www.msnbc.com/all-in/watch/former-mexican-president-responds-to-trump-480588355993).
Todos los hechos narrados en este documento nos han dejado muy mal parados en el ámbito internacional y por si eso fuera poco, la Primera Familia no ha hecho más que dar de que hablar. Como hombre casado sé que todos los matrimonios pasamos por épocas de crisis, como en todas las relaciones humanas hay diferentes puntos de vista que pueden llevar a debates y, a veces, a pleitos por tener la razón. Eso es innegable, pero demostrar las diferencias primero frente a los Reyes de España y después frente al Presidente de Francia en eventos públicos en visitas de Estado, perdón, eso es no tener el más mínimo respeto por la Institución que representan. A Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera se les olvida que lo que hagan no únicamente los afecta a ellos como persona, afecta a la institucion de la Presidencia Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, afecta al Sistema Nacional por el Desarrollo Integral de la Familia y, sobre todo, nos afecta a nosotros como mexicanos, pero claro, es más importante debatir sobre el glamour y la vestimenta de nuestra Primera Dama que los problemas que verdaderamente nos afectan. Pero no pasa nada, nunca pasa nada. Desgraciadamente México se ha convertido en el país del “pues ya que“. Cuando el Chapo se escapó, Enrique Peña Nieto iba volando a Francia. Estrictamente hablando, y de acuerdo a las disposiciones constitucionales, correspondía a Miguel Ángel Osorio Chong, en su calidad de Secretario de Gobernación, quedarse como Encargado de Despacho de la Presidencia, pero que alguien me conteste ¿quien tomó las riendas de nuestro País si Osorio estaba viajando también al extranjero acompañando al Presidente?
La fuga del Chapo no hizo más que confirmar la crisis de institucionalidad que se está en los Estados Unidos Mexicanos. No soy de las personas que crean que la solución está en la renuncia de Enrique Peña Nieto, creo que de llegar a darse esta renuncia solamente se agravaría la crisis de institucionalidad que actualmente existe, sin embargo, estoy completamente de acuerdo con la resolución adoptada por la Comisión Permanente Nacional del Partido Acción Nacional, misma que fue dada a conocer por su Presidente, Gustavo Madero, en el sentido que es necesario destituir de sus cargos a Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; Monte Alejandro Rubido, Coordinador Nacional de Seguridad y Eugenio Ímaz Gispert, Director General del Centro de Investigación y Seguridad Nacional. Ya es momento que empiecen a verse consecuencias de las malas decisiones que se han tomado desde el Gobierno de la República, pero claro, la gente está mas molesta por el empate del día de ayer entre la Selección Mexicana y la Selección de Trinidad y Tobago que por lo que está ocurriendo en nuestro país. Reitero, el día que los mexicanos le exigamos al gobierno lo mismo que le exigimos a la Selección Nacional de Futból, ese día habrá verdaderos cambios en nuestro país.
Como mexicano me duele ver lo que está pasando en nuestro País, me duele ver que el gobierno no ha sido capaz de afrontar sus obligaciones y garantizar la seguridad de los mexicanos, me duele ver que, en lugar de avanzar, retrocedemos. Como mexicano me duele ver que estamos caminando al fondo de un abismo.

Benjamín Muñiz Álvarez Del Castillo

Twitter: @Benjamin_Muniz