domingo, 9 de diciembre de 2018

Militarizando la seguridad pública


En Sesión Pública ordinaria celebrada el pasado 15 de noviembre, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió la Acción de Inconstitucionalidad 6/2018 y sus acumuladas 8/2018, 9/2018, 10/2018 y 11/2018 promovidas por diputados federales, senadores, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Movimiento Ciudadano y Morena en contra de la Ley de Seguridad Interior (LSI).

El proyecto de sentencia, a cargo del Ministro Jorge Alberto Pardo Rebolledo reconocía la validez de la LSI, declarando inconstitucionales solamente algunos preceptos normativos, sin embargo, durante los días en que el proyecto fue discutido, los 10 Ministros restantes se pronunciaron a favor de la invalidez total de la Ley. Cuando, en la Sesión Pública Ordinaria del 15 de noviembre llegó el momento, la votación solo oficializó lo que ya era evidente. En ausencia de la Ministra Margarita Beatriz Luna Ramos, quien no pudo concluir la sesión por atender comisiones oficiales, 9 Ministros votaron a favor de declarar la invalidez total de la LSI mientras que el Ministro Pardo Rebolledo, defendiendo su proyecto, votó a favor de su constitucionalidad.

La Ley de Seguridad Interior, según el Tribunal Pleno, resulta inconstitucional al contener disposiciones que pretendían normalizar la utilización de las Fuerzas Armadas en temas de seguridad pública, lo que resulta contrario al orden constitucional y convencional. (Boletín de Prensa 149/2018 visible en http://www.internet2.scjn.gob.mx/red2/comunicados/noticia.asp?id=5794)

En su intervención durante la sesión del 13 de noviembre, el Ministro Eduardo Tomás Medina Mora Icaza, citando al Almirante Antonio Vázquez del Mercado Ramos (titular de la Secretaría de Marina durante el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz) mencionó que lo temporal tiende a volverse permanente y que declarar la validez de la LSI sería dotar de permanencia a las funciones de las Fuerzas Armadas en materia de seguridad pública la cual, constitucionalmente, corresponde a autoridades civiles.

Diversos organismos, como la CNDH, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y algunas organizaciones de la sociedad civil (OSC) mostraron beneplácito con la decisión asumida por la SCJN al resolver las acciones de inconstitucionalidad ya señaladas. Dichos organismos argumentaban desde la promulgación de la LSI que la permanencia de los militares en las calles abría la puerta a la existencia de más violaciones a los derechos humanos y desde hace mucho tiempo han levantado la voz para que éstos regresen a sus cuarteles.

Durante su campaña electoral, Andrés Manuel López Obrador manifestó de manera reiterada que, de ganar la elección a la Primera Magistratura de nuestro País, retiraría a las Fuerzas Armadas de las labores de seguridad pública. A pesar de existir una gran cantidad de videos que demuestran la existencia de tal promesa de campaña, de manera descarada López Obrador hoy asegura que nunca dijo tal cosa. Lo peor, y más grave, es que ha realizado un plan de seguridad encabezado por la Policía Militar y la Policía Naval y bajo el mando directo de la Secretaría de la Defensa Nacional quitando de las autoridades civiles un tema que, constitucionalmente hablando, es de su entera competencia.

El plan de seguridad pública presentado por AMLO resulta preocupante en muchos aspectos, sobre todo al presentarse en el momento en que la Corte decidió declarar la invalidez de la LSI por creer que se esta favoreciendo la permanencia de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública. Según disposición expresa del párrafo décimo del artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las instituciones de seguridad pública serán de carácter civil, disciplinado y profesional. Partiendo de la base de lo preceptuado por la norma constitucional, establecer una Guardia Nacional para ejercer funciones de seguridad pública y que dependa directamente de la Secretaría de la Defensa Nacional es, a todas luces, inconstitucional, sin embargo, AMLO y su partido tienen los números necesarios para llevar a cabo reformas constitucionales al más arcaico estilo del priismo de los 70.

En entrevista para el semanario Proceso, el jurista Elisur Arteaga señala tajantemente lo siguiente: “Las reformas a la Constitución se dan por descontadas por la mayoría que tiene Morena en el Congreso federal y en 20 estatales. De aprobarse, la SCJN no podrá hacer nada y se deberá entregar la seguridad pública a los militares”. (Proceso número 2194 de 18 de noviembre de 2018). Este control tan férreo que puede tener el presidente sobre el Poder Legislativo resulta verdaderamente preocupante. Considero que esta será la primera manera de mostrar el músculo con el que cuenta la nueva maquinaria del poder. Si la aplastante mayoría morenista actúa de manera servil ante su líder en esta propuesta de reforma constitucional, quedará más claro que nunca que el morenismo actuará de acuerdo con las instrucciones que reciban desde el Ejecutivo Federal y el riesgo sería extremadamente grande, tomando en cuenta que podrían venir más reformas constitucionales que tengan como único fin satisfacer las ambiciones de AMLO.

Independientemente de mis conjeturas, fundadas o infundadas, señaladas en el párrafo anterior, de aprobarse esta reforma constitucional se estaría transitando de manera consciente y certera hacia la militarización de la seguridad pública de nuestro país, situación que, de manera reiterada, desde el sexenio de Felipe Calderón, Andrés Manuel López Obrador atacó, exigiendo que las instituciones de seguridad pública permanecieran en manos de civiles. Pero bien cierto es que no es lo mismo ser oposición a tener ya la responsabilidad de gobernar.

Concluyo con una frase esgrimida por el Ministro Alberto Pérez Dayán en la Sesión Pública Ordinaria de nuestro Tribunal Constitucional del 13 de noviembre de 2018: “Durante la persecución de los delitos, por elevado el número que éste sea, por grave el riesgo que corra el Estado Mexicano y sus instituciones, necesariamente están vinculadas con los temas de orden interno, entregados exclusivamente a los civiles, por eso no tienen derecho a usar ni las armas del artículo 10 (constitucional), ni gozan de un fuero especial, ni pueden requisar a los particulares, ni pedir alimentos, ni existir una ley marcial que les regule”. A pesar de la decisión de la Corte para evitar la permanencia de las Fuerzas Armadas en temas de seguridad pública, Morena busca reformar la constitución para, no solo permitirles, sino entregarles las tareas de seguridad pública, atentando en contra de uno de los fundamentos sobre los cuales se levantó la Revolución Mexicana que AMLO tanto dice defender.

Twitter: @Benjamín_Muniz

sábado, 1 de diciembre de 2018

Comenzando una nueva etapa

Llegó el día en que dejó de ocupar el cargo el que ha sido calificado por muchos como el peor Presidente en la historia de México. Entregó el poder en Sesión Solemne al indiscutible vencedor de la contienda electoral del pasado 1° de julio, el fundador de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

La tercera fue la vencida. Andrés Manuel fue investido, finalmente, con la Banda Presidencial el 1° de diciembre de 2018 en medio de un importante apoyo social aunque, justo es decirlo, es menor que el que tenía hace apenas 5 meses.

Nunca he escondido mi animadversión hacia López Obrador ni mi desdén hacia sus políticas populacheras ni su falta de congruencia. Tampoco he escondido mi temor por su carácter autoritario. Pero los tiempos cambian. Ya no estamos en campañas electorales, no siquiera en el periodo de transición. Hoy Andrés Manuel López Obrador es el Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, nos guste o no.

Me queda claro que la apabullante victoria de AMLO es resultado del hartazgo social por la corrupción del PRI y la inseguridad fomentada por la guerra contra el narcotráfico fomentada por el PAN. Ambos partidos tuvieron la oportunidad de reinventarse, de mejorar las condiciones sociales y ambos fracasaron estrepitosamente. AMLO representaba para los votantes un cambio, una nueva oportunidad para lograr que México sea mejor.

No me es posible negar que veo con mucha preocupación el futuro de nuestro país. Lo que se ha llamado la Cuarta Transformación no genera en mi sentimientos de optimismo, por el contrario, veo señales que considero un franco retroceso.

Hay algo que siempre he sostenido y que hoy toma, por lo menos para mi, un sentido mucho más profundo: el cambio, para bien o para mal, de nuestra Nación depende, no de su gobierno, sino de su gente. Si hay algo que hoy me queda más claro que nunca es que el futuro de México está en nuestras manos y que todos debemos trabajar incansablemente, desde nuestras propias trincheras, para mejorar nuestro país. La corrupción no terminará por decreto, como pretende López Obrador. La única manera de terminar con la corrupción está en manos del pueblo. Cuando dejemos de dar mordidas a los policías, o a los funcionarios públicos. Cuando los ciudadanos acatemos las leyes y no busquemos la forma de burlarlas. Cuando nosotros, los ciudadanos, seamos lo suficientemente conscientes del poder y la responsabilidad que tenemos y actuemos en consecuencia, solo entonces lograremos cambiar nuestro país.

Hoy Andrés Manuel López Obrador, aunque yo no lo quiera, es mi Presidente. Desearle el mal sería desearme el mal. Hoy ratifico mi compromiso de actuar por el bien de mi país, por el bien común por encima del particular. No hay otra manera de alcanzar un verdadero progreso. Seré crítico a su gobierno, eso ni duda. Apoyaré las iniciativas que redunden en un beneficio nacional y me opondré tajantemente a las que únicamente busquen privilegios particulares.

De corazón le deseo a López Obrador éxito en el desempeño de su encargo y, sobre todo, deseo que México llegue a ser verdaderamente el país para el cual tiene un verdadero potencial. Como decía Don Manuel Gómez Morín: "Las ideas y los valores del alma son las únicas armas que tenemos, no tenemos otras; pero tampoco las hay mejores".

Twitter: @Benjamin_Muniz

miércoles, 10 de octubre de 2018

Comunicación y poder


Mucho se ha hablado y escrito acerca de Hitler. Sin duda es uno de los personajes más estudiados de la historia. Muchos podrán condenarlo, algunos lo apoyarán argumentando que no todo fue malo, pero lo que es innegable es que, por mal encaminado que pudiera estar, el señor era un genio que supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron en la Alemania después de la Gran Guerra.

Después de la conclusión de la Primera Guerra Mundial, Alemania se vio enfrentando sanciones muy severas por parte de la comunidad internacional, sanciones que afectaron profundamente su economía. Fue en este entorno en que Hitler se alzó en el poder pero sabía que, para cambiar las circunstancias, tenía que contar con el respaldo popular pero ¿cómo lograrlo? Buscó la unidad teutona apelando a su nacionalismo, para lo cual precisó utilizar todos los medios a su alcance, especialmente la comunicación.

A Hitler le importaba qué se decía y cómo se decía, así que en 1933 encomendó la titularidad del Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda a un experto en la oratoria: Joseph Goebbels. La misión de Goebbels era clara: controlar lo que se podía decir, qué debía vetarse y cómo se dirían las cosas, es decir, mantener un férreo control de la comunicación para generar en los alemanes ese fervor patriótico, por no decir patriotero, convenciéndolos que las sanciones que les fueron impuestos a través del Tratado de Versalles eran excesivas, llevándolos a la ruina. Levantarse en armas no era, entonces, un acto de guerra, sino de reivindicación. El resultado estuvo a punto de modificar drásticamente la geopolítica mundial.

Allá en el lejano 1748 en su tratado “El Espíritu de las Leyes” el filósofo y jurista francés Charles Louis de Secondat, señor de la Brède y Barón de Montesquieu estableció la política de los pesos y contrapesos generando la división del poder público en ejecutivo, legislativo y judicial. A mediados del siglo XIX el escritor y filósofo escocés Thomas Carlyle popularizó el término “Cuarto Poder”, término que le atribuyó al político anglo-irlandés Edmund Burke, quien pronunció ese término en el debate de apertura de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 1787 pero ¿qué es el Cuarto Poder? La respuesta es sencilla. Se designa Cuarto Poder a la prensa por la importante influencia que tienen los medios de comunicación en la opinión pública. Incluso hay quienes consideran que la prensa no refleja la opinión pública, sino que la crea. Quien controla el Cuarto Poder normalmente controlo los otros tres y, por ende, buscan controlar todo. Hitler y Goebbels sabían eso y lo utilizaron a su favor.

El 22 de agosto de 2018, argumentando medidas de austeridad, el Presidente Electo de los Estados Unidos Mexicanos anunció que centralizará la comunicación social de todo el gobierno federal en la Presidencia de la República, señalando que las oficinas de prensa de las dependencias federales se reducirán al mínimo o desaparecerán. Además anunció la designación de Jesús Ramírez Cuevas, a quien conoció gracias a Carlos Monsiváis, como su Coordinador de Comunicación Social. Ante este panorama se nos presenta una interrogante: ¿apelar a la austeridad demuestra el verdadero motivo de esta medida o realmente se trata de un intento por controlar la información?

A lo largo de su vida pública AMLO ha demostrado ser intolerante ante las opiniones que le son adversas, intentando vetar a quien las emite. Un ejemplo claro de ello se presentó durante su gestión como Jefe de Gobierno del Distrito Federal donde buscó excluir del espectro informativo al periodista Pedro Ferriz de Con.

En una entrada de fecha 24 de mayo de 2018 en este mismo espacio (visible en http://pormejoresmexicanos.blogspot.com/2018/05/por-que-no-votare-por-andres-manuel.html) enlisté los motivos por los que tomé la decisión de no votar por Andrés Manuel siendo uno de ellos, precisamente, su totalitarismo. Nada bueno puede esperarse de la mezcla de conductas antidemocráticas y totalitarias con el control de la comunicación social. También hice referencia a que, por endeble que pueda ser nuestro Estado Democrático de Derecho, no creía que AMLO nos pudiera convertir en una Venezuela. Con decisiones como esta, honestamente me pongo a dudar. Solo espero no haberme equivocado respecto a esa creencia. Solo el tiempo dirá.



Twitter: @Benjamín_Muniz

lunes, 30 de julio de 2018

Incongruencias en la legislación de la Ciudad de México


Estamos a poco menos de dos meses que entre en vigor la gran mayoría del articulado de la Constitución Política de la Ciudad de México. De acuerdo con el artículo transitorio primero “La Constitución Política de la Ciudad de México entrará en vigor el 17 de septiembre de 2018, excepto por lo que hace a la materia electoral, que estará vigente a partir del día siguiente al de su publicación, y a los supuestos expresamente establecidos en los Artículos Transitorios siguientes”, así, la Ley Orgánica de Alcaldías de la Ciudad de México establece, en su artículo transitorio segundo, que entrará en vigor, precisamente el 17 de septiembre de 2018 y, en su artículo transitorio tercero que las personas titulares de las alcaldías y los concejos electas para el periodo 2018-2021, iniciarán el ejercicio de sus funciones a partir del 1º de octubre de 2018. Hasta aquí todo está claro y, al parecer, no hay ningún problema, pero una lectura concienzuda de esta ley nos permitirá darnos cuenta que no es así.
El artículo 17 de la Ley Orgánica de Alcaldías de la Ciudad de México establece que el encargo de las personas titulares de las Alcaldías y de quienes integren el Concejo, durará tres años, contados a partir del 1º de octubre del año en que se hayan celebrado las elecciones ordinarias, artículo que va muy de la mano con lo establecido en el artículo transitorio vigésimo segundo de la Constitución Local y el décimo octavo transitorio del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la Ciudad de México que establecen que los integrantes de las alcaldías iniciarán sus funciones el 1º de octubre de 2018.
La complejidad se presenta algunos artículos más adelante en la Ley Orgánica de Alcaldías, específicamente en los artículos 23 al 28 que establecen el proceso para la integración de las alcaldías de la siguiente manera:
1.       La Alcaldía electa se instalará solemne y públicamente el día primero de septiembre del año que corresponda observándose lo siguiente:
a.       Protesta de Ley de la Alcaldesa o Alcalde electo ante el Congreso;
b.       Toma de protesta a las personas integrantes del Consejo por la Alcaldesa o Alcalde en funciones; y
c.       Declaración de Instalación formal de la Alcaldía por la Alcaldesa o el Alcalde en funciones.
2.       La Alcaldesa o el Alcalde electo acudirá a sesión solemne en el Congreso a rendir protesta del encargo por la mañana del primero de septiembre.
3.       El mismo día, en la sede de cada Alcaldía, la Alcaldesa o el Alcalde en funciones tomará la protesta a las personas electas para integrar el Concejo.
4.       En la sesión de toma de protesta de las personas Concejales, las autoridades salientes entregarán a las entrantes el documento que contenga la situación que guarda el Gobierno y la Administración Pública de la demarcación.
5.       Se declara la instalación de la Alcaldía.
¡Vaya incongruencia! El artículo vigésimo segundo transitorio de la Constitución Local, el artículo décimo octavo transitorio del Código de Instituciones y Procedimientos Electorales de la CDMX y el propio artículo 17 de la Ley Orgánica de Alcaldías señalan que entrarán en funciones el 1º de octubre, pero los artículos 23 al 28 establecen que la toma de protesta e instalación se llevará a cabo el 1º de septiembre. Ante esta pequeña incongruencia me surge una duda importante, ¿quién va a ser la autoridad gobernante durante todo el mes de septiembre? Si llegara a ocurrir alguna emergencia, ¿cuál de las dos Alcaldías se haría cargo?
Ahora, veamos la compleja logística que aplicará para las sesiones del 1º de septiembre de cada 3 años. En primer lugar, muy temprano en la mañana, se tendrían que reunir en sesión privada los Diputados electos para celebrar la Sesión Constitutiva del Congreso en la cual se tendrá que declarar Quórum, tomar protesta constitucional al Presidente de la Mesa de Decanos, tomar protesta Constitucional a los Diputados presentes, elegir a los integrantes de la primera Mesa Directiva, declarar la legal constitución del Congreso de la Ciudad de México y citar para la siguiente sesión del Congreso.
Terminada la toma de protesta de los Diputados, y atendiendo a lo mandatado por los artículos 23 al 28 de la Ley Orgánica de Alcaldías, se tendría que tomar la protesta de los Alcaldes para que estos, a su vez, sigan el procedimiento establecido en la ley para la toma de protesta de los Concejales.
Resulta preocupante esta enorme laguna legal que generaron los legisladores. Durante todo el mes de septiembre habrá dos Alcaldías en funciones en cada demarcación. Esta duplicidad de funciones generará una gran incertidumbre en cuanto a los límites de actuación de cada autoridad lo aplicará en detrimento de la sociedad. Bien me decían mis papás de chico, si vas a hacer algo, hazlo bien, si no, ¿para qué lo haces?

Twitter: @Benjamín_Muniz

jueves, 24 de mayo de 2018

Por qué no votaré por Andrés Manuel


Allá por el ya lejano año de 1994, cuando yo apenas contaba con 7 años de edad, comenzó mi interés por la política. Desde entonces, he seguido detalladamente 8 procesos electorales federales, 4 de ellos para la renovación del Poder Ejecutivo de la Federación y varios más locales. He participado activamente en diversos procesos electorales en la Ciudad de México, Estado de México, Nayarit, Oaxaca, Tamaulipas, Colima incluyendo, por supuesto, la elección de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y, debo confesar, en esos 24 años nunca había sido testigo de un proceso electoral tan complejo e interesante como el que estamos viviendo en estos momentos. Pero esta complejidad e interés, también se ve reflejada en un ambiente extremadamente ríspido y polarizado, como nunca antes.

Por supuesto, la crispación política proviene del hartazgo social en contra del gobierno. Sería inútil negar que el gobierno de Enrique Peña Nieto y sus malas decisiones y peores resultados, así como la cínica corrupción y dolorosa impunidad, son factores predominantes en este escenario y es en este contexto en que Andrés Manuel López Obrador contiende por tercera vez por la Presidencia de la República y, de acuerdo a estadísticas, existe una gran posibilidad que, esta vez, si gane.

La fortaleza de López Obrador descansa precisamente en ese cansancio social. El tabasqueño ha sido capaz de atraer a las personas inconformes para generar su proyecto de Nación. Ha sabido capitalizar las fallas de los gobiernos anteriores y ha despotricado abiertamente en contra de ellos. Muchos de sus seguidores le otorgarán el voto bajo el argumento de que los demás partidos ya gobernaron y no lo hicieron bien, por lo que resulta conveniente darle ahora una oportunidad al ex Jefe de Gobierno. Las voces de alarma no perdieron tiempo en dejarse escuchar y, con un discurso amenazador, intentan intimidar a través de fomentar el miedo a que terminemos como Venezuela. Mala estrategia, desde mi punto de vista.

Con toda sinceridad, a pesar de lo endeble que puede llegar a ser nuestro Estado Democrático de Derecho, dudo mucho que la llegada de AMLO a Los Pinos nos puede convertir en un nuevo Venezuela, con los problemas humanitarios tan evidentes. Creo que, por lo menos, si tenemos los suficientes elementos para impedirlo, sin embargo, existen diversos factores por los que yo no voy a votar por AMLO.

Si algo ha caracterizado a Andrés Manuel es su falta de congruencia. Habla de la mafia del poder, condena mediáticamente al ex Presidente Carlos Salinas de Gortari, despotrica en contra del fraude por el cual éste llegó a la Presidencia cuando, según se dice, el verdadero ganador de la contienda había sido Cuauhtémoc Cárdenas, pero la realidad refleja otra cosa: la plana mayor de MORENA y los grandes operadores políticos de ese partido son personas que en su momento fueron cercanas a Salinas, incluso se encuentra entre los morenistas el que entonces era Secretario de Gobernación y al cual se le atribuye el fraude: Manuel Bartlett. Ejemplos sobran: Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Esteban Moctezuma. Al respecto hay una muy buena columna en Político.mx cuya lectura recomiendo (https://politico.mx/central-electoral/elecciones-2018/presidencial/exsalinistas-mueven-los-hilos-de-la-campa%C3%B1-de-amlo/).

Andrés Manuel habla también de democracia, pero el manejo de su partido es total y absolutamente autoritario. Quien tiene la última palabra es él y solamente él. La democracia al interior de MORENA no es más que letra muerta. Nuevamente, incongruencia. AMLO ha utilizado su partido como medio para su promoción personalizada. Tan es así que, durante todos los procesos electorales, la propaganda electoral de los candidatos siempre aparece con la imagen del líder de MORENA, haya o no contienda presidencial. Esto, además, es violatorio de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, así que ahí también queda su discurso sobre la legalidad.

Y ya que estamos hablando del discurso de López Obrador respecto a la legalidad, ¿por qué no revisamos la lista de sus candidatos? Ahí si sale perdiendo. Comencemos con Napoleón Gómez Urrutia, líder vitalicio del sindicato de mineros, acusado de desfalcar más de 50 millones de dólares de las arcas del sindicato. Por algo me recuerda mucho a Carlos Romero Deschamps a quien, por cierto, López Obrador ha descalificado en diversas ocasiones y señalado como ejemplo de corrupción. Sigamos con Nestora Salgado. Se menciona que la lideresa de las autodefensas ha sido absuelta en las causas penales seguidas en su contra por la presunta comisión del delito de privación ilegal de la libertad. Falso. Se ordenó la reposición del procedimiento, es decir, el juicio sigue y, hasta el momento, la inocencia o culpabilidad de Nestora no ha sido determinada por un Juez competente.

Por más que le quieran dar la vuelta, AMLO si propuso amnistía a los integrantes del crimen organizado quienes, según él, son bebés de pecho a lado de los políticos corruptos. Nadie ha atacado esta expresión, pero a mi parecer es de lo más denigrante que pueda existir. ¿Conocerá alguna víctima de la delincuencia organizada? ¿AMLO habrá sido asaltado en algún momento de su vida? ¿Con qué cinismo puede decirle eso a las familias de los miles de muertos que ha dejado el crimen organizado?

Ya mejor ni hablar de la corrupción, la que tanto dice que va a atacar. Rene Bejarano, Carlos Imaz (curiosamente esposo de la actual candidata a la Jefatura de Gobierno, Claudia Sheinbaum), o Gustavo Ponce, Secretario de Finanzas que fue descubierto apostando el erario de la Capital en Las Vegas.

Por si lo anterior no fuera suficiente, no me convencen las pocas propuestas que ha realizado, no les veo factibilidad, no son costeables: o incrementa impuestos o incrementa deuda, arriesgando el futuro de la Nación. Su manera de responder cuando se le increpa, su poca capacidad de proponer, la manera despectiva de tratar a los demás. Por supuesto, estas son opiniones totalmente subjetivas, pero considero que un Jefe de Estado debe tener mayor capacidad de dialogo sin caer en la descalificación.

Su papel como Jefe de Gobierno tampoco fue bueno. Se jacta de la supuesta disminución de los índices delictivos, pero lo que no dice es que, de acuerdo con la ENVIPE del INEGI, la cifra negra (delitos no denunciados) fue de, aproximadamente, 80%. El desempleo creció durante su administración y, según datos oficiales, el DF se convirtió en la entidad más opaca del país. Por supuesto, no puedo olvidar el plantón en Reforma y todos los empleos que se perdieron por ello.

Estamos ante el proceso electoral más complejo de la historia de nuestro país. Creo que debemos pensar muy bien a quién vamos a favorecer con nuestro sufragio, pero con toda honestidad creo que AMLO no es la esperanza de México, al contrario, si creo que habría regresiones muy importantes en el desarrollo nacional. Lo más importante es que, el 2 de julio, gane quien gane, seguiremos siendo mexicanos y tendremos que vivir los próximos 6 años bajo la guía de quien resulte ungido. Esperemos que el pueblo mexicano tome la decisión correcta, ante todo, una decisión informada. Solo al tiempo sabremos los resultados y las consecuencias de nuestro voto.

Twitter: @Benjamin_Muniz

lunes, 23 de abril de 2018

Mucho ataque, pocas propuestas


El día de ayer fuimos testigos del primero de tres debates presidenciales que se llevarán a cabo a lo largo de este proceso electoral. A las 20:00 horas se dieron cita en el Palacio de Minería los 5 candidatos que aspiran a alcanzar la Primera Magistratura del País. El formato de este debate me agradó, a mí parecer abre la posibilidad de una mejor confrontación de ideas, lo que resulta tan necesario en este tipo de actividades democráticas.

En cuanto al contenido de los mensajes de los candidatos, creo que ahí si quedo con un sabor agridulce. Estoy convencido que en todo debate debe haber confrontación de ideas, de eso se trata, pero lo que vimos ayer fue mucha confrontación y pocas propuestas. Todos los candidatos se encargaron de atacar a AMLO argumentando que es incongruente, que su gestión como Jefe de Gobierno da cuenta de su incapacidad para enfrentar los problemas sociales. Por supuesto que eso es legítimo en un debate como el de ayer. La mejor manera de analizar a un candidato es analizar el resultado de sus gestiones anteriores. Si no puedes lo menos, no vas a poder lo más. Sin embargo, esto se debe realizar contrastando las propuestas propias. En este caso, decir, por ejemplo: “Durante la gestión de AMLO como Jefe de Gobierno la inversión disminuyó en 50%, yo propongo en tal punto hacer tal o cuál cosa”. Desgraciadamente, en la mayor parte del debate esta segunda parte hizo falta. No hubo propuesta, solo ataque.

El desempeño de los contendientes fue muy ambivalente. Considero honestamente que, quien tuvo mejor discurso, mejores propuestas, mejor manejo del tiempo fue Ricardo Anaya, sin embargo, no puedo dejar de reprocharle su falta de congruencia. Me explico: cuando inició su participación, dijo que él no estaba ahí para atacar, sino para presentar propuestas. Estoy de acuerdo que presentó su plataforma, pero se dedicó a atacar a AMLO con bastante ahínco. No cumplió su aseveración de no ataque. Eso no habla del todo bien de él.

Por su parte, José Antonio Meade fue un personaje gris. No tiene control escénico, no prende a la audiencia, no conecta con el público. Puede que sea maravilloso en su trabajo, que sea un excelente técnico, pero no acaba de encender la mecha que lo lleve a ser un buen político. Su discurso fue plano, nada nuevo bajo el sol, eso sin considerar que se presentó una gran incongruencia cuando dijo que en su sexenio no habría ninguna estafa maestra, olvidando que esa gran estafa maestra fue realizada por su predecesora en la Secretaría de Desarrollo Social y que él no hizo nada para perseguir a los culpables, ni estando en SEDESOL ni como titular de la SHCP. Nuevamente, las palabras se las lleva el viento, las acciones son las que, a final de cuentas, verdaderamente importan.

Margarita Zavala generó en mí una gran decepción. Considero que es una mujer inteligente y con gran capacidad, pero se le notó muy nerviosa y no logró concretar una sola de sus participaciones sin tartamudear. Además de esto, cayó en el juego de defender el sexenio de Felipe Calderón en lugar de realizar propuestas para lo que sería su gobierno.

Jaime Rodríguez Calderón sabía a qué iba y cumplió su papel. Fue el último en ser reconocido como Candidato a la Presidencia, por lo que llegó a la contienda después que sus adversarios. Él buscó hacerse notar, que todo el mundo conociera al Bronco, y vaya que lo logró. Su propuesta de mochar la mano de los delincuentes generó mucho ruido. Por supuesto, es totalmente absurdo pensar que se apruebe, sería violatorio al artículo 22 constitucional, pero logró su cometido: todo el mundo habla de él. Las frases más celebres del debate se las debemos al regiomontano. “Claro que creo en el matrimonio, tan creo en él que me he casado tres veces”. “Llámeme raza, un WhatsApp”. “No te echamos montón, pero es que dices cada barbaridad”. El Bronco cumplió su objetivo. Quería tener los reflectores, quería decir “aquí estoy”.

Después de tres campañas presidenciales y la presencia en más debates que sus contrincantes, AMLO debió ser el más preparado, sin embargo, la realidad mostró ser otra. Se le vio omiso, ambiguo, sin capacidad de responder a las interrogantes, sin capacidad de aclarar sus contradicciones y, lo peor, sin una propuesta concreta, al contrario, se encargó de decir que, al ganar, se sentará con expertos para analizar las acciones a seguir. Con todo el debido respeto, eso lo tiene que hacer desde ahora, de ahí tiene que surgir su plataforma de gobierno, además, si tan seguro está que el ganará la elección, ¿por qué esperar al 2 de julio? ¿Por qué no sentarse con los expertos desde los meses pasados? Una más de sus incongruencias. Comparto la opinión de Pablo Hiriart, AMLO fue la estrepitosa derrota en el debate (se puede consultar su columna en http://elfinanciero.com.mx/opinion/pablo-hiriart/amlo-estrepitosa-derrota-en-el-debate), enojado, sin dar la cara, sin proponer, sin responder y, para acabar de darse un balazo en el pie, salió del recinto sin siquiera tener la educación, ya no digamos oficio político, para despedirse de los 4 candidatos restantes. Meade tiene una gran oportunidad aquí: que haga públicos los folios reales en que se consigna la propiedad de AMLO respecto a tres departamentos y que, públicamente, exija la firma de un acto traslativo de dominio. Al tiempo.

Sin ser un debate con grandes propuestas, considero que el ganador fue el candidato de la coalición “Por México al Frente”. Fue el más seguro, el único que presentó propuestas. Su discurso fue muy estudiado y su manejo de tiempos inmejorable. ¿Eso le basta para ser Presidente? No, por supuesto que no.

Aún faltan dos debates, faltan dos meses de campaña. La moneda está en el aire. Los días que faltan de la campaña se antojan interesantes. La estrategia que genere cada equipo después del debate será crucial. Se logró vislumbrar tanto los aciertos como los errores de cada contendiente, ahora es su responsabilidad hacer valer la valiosa enseñanza que arrojó el debate. Por lo pronto, parafraseado a Hiriart, el error de AMLO la primera vez fue no ir al debate, esta vez, su error fue ir.

En casi 70 días se llevará a cabo la Jornada Electoral. Lo que sucedió ayer, ¿influirá en el desarrollo y en la intención del voto? Aún hay un largo camino por recorrer.

Twitter: @Benjamin_Muniz